Cobardía, actitud misógina y cierre de espacios en todos sus niveles hacia la mujer, otras más de las debilidades del gobierno de turno y del mandamás absoluto Daniel Ortega, al cancelar personerías jurídicas que han venido trabajando en pro de las reivindicaciones y por los derechos de la mujer en Nicaragua, como es el caso de la asociación de Mujeres María Elena Cuadra, recientemente bajo la guillotina como muchas otras organizaciones de la sociedad civil y universidades, debidamente legales e inscritas en el Ministerio de Gobernación.
Muchos que vivimos en Estados Unidos no conocemos a fondo la realidad, a veces por desconocimiento de causa y a veces por estar inmersos cada uno en sus deberes y ocupaciones. Muchos ignoran que en la patria de Rafaela Herrera y Josefa Toledo se cometen a diario continuos ataques a todas las leyes que se supone protegen a la ciudadanía y contienen rango universal, pero en nuestra pobre nación esto sucede a diario y muchas veces pareciera no importarle esto a la comunidad internacional. Esta vez las mujeres, y sobre todo las más vulnerables, las de a pie, las sin trabajo y las que también son afectadas por la violencia familiar, quedan más desprotegidas ante esta nueva escalada represiva.
El Movimiento María Elena Cuadra, conocido por toda la población como una entidad que ha defendido a muchas mujeres, no importando su procedencia laboral, social e incluso política, al pasar a la vida pasiva bajo el yugo dictatorial, complica aún más el tejido social nicaragüense. No podemos olvidar que incluso junto a otras organizaciones de la sociedad civil como la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) y otras, han defendido por años a las mujeres con maltrato en las zonas francas, en empresas locales en donde se han violentado los derechos de mujeres y en casos de agresiva violencia doméstica, como violaciones, maltrato físico y menosprecio social entre otras afecciones; no podrán ahora brindar sus servicios a la ciudadana femenina indefensa, otra razón más para rechazar y actuar frente a la dictadura que cada día que pasa respeta menos los derechos humanos de la población.
Desde el pasado mes de enero, el régimen comenzó esta disposición clausurando varias universidades. La gente pensó que era otra más de las pesadas actitudes del resentimiento social típico del sandinismo, pero a los pocos días prosiguió la espada totalitaria contra fundaciones y asociaciones, de entre las cuales las mujeres han demostrado una gran participación, siendo ya en la actualidad además de una docena de casas de estudios, a seis ONG, entre estas dos feministas más la María Elena Cuadra, a manos, de la aplanadora de los 75 diputados sandinistas, obedientes borregos del mandamás mayor.
No existen bases sólidas que argumenten sus cierres, todas son patrañas represivas. Pero el régimen a través de sus diputados y burócratas del Ministerio de Gobernación señalan que esto se debe a incumplimientos en la presentación de sus estados financieros, juntas directivas con miembros cuyos periodos han vencido, y por haber recibido fondos del exterior, pero nada de esto justifica sus cierres, pues en todo caso habría de darse un proceso de multas o de enmiendas e incluso de aviso a sus directivos para poner sus documentos en regla.
“Estas asociaciones y fundaciones han incumplido y obstaculizado el control y vigilancia del Departamento de Registro y Control de Asociaciones civiles sin Fines de Lucro, que al efecto lleva el Ministerio de Gobernación, conforme los períodos fiscales, promoviendo la falta de transparencia en la administración de los fondos, desconociéndose la ejecución de los mismos y si fue acorde a sus objetivos y fines por los cuales la Asamblea Nacional les otorgará la Personalidad Jurídica”, señala el documento ministerial justificando sus cierres. Mi solidaridad con Sandra Ramos, directora del Movimiento María Elena Cuadra, y con los rectores y representantes legales de las universidades cerradas. Como bien dijo el Mártir de las Libertades Públicas, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: ¡Nicaragua volverá a ser República!
La autora es empresaria, emprendedora, defensora de los derechos humanos y escritora estadounidense nacida en Nicaragua. Recientemente se postuló a nivel independiente para comisionada del Condado de Miami Dade