Vienen los rusos, vienen los rusos

La noticia de la llegada a Nicaragua del viceprimer ministro de la Federación de Rusia, Yuri Borísov, quien realiza un periplo por Venezuela y Cuba además de Nicaragua, ha desatado una serie de especulaciones por la situación que vive Rusia actualmente debido a la concentración de parte de su ejército en su frontera con Ucrania, lo que es visto por Europa y occidente como una amenaza inminente de invasión. Debido a eso las especulaciones sobre qué vienen a hacer los rusos a Nicaragua anda de boca en boca y en una reunión de amigos a la que asistí recientemente, dicha visita fue motivo de conversación, pues ya se habla de la llegada de otro ministro ruso muy pronto. 

Esto me recordó una película cuyo título era “Vienen los rusos, vienen los rusos”. Si mi memoria no me falla, fue allá por el año 1966 en plena guerra fría. Se trataba sobre un submarino ruso que encalla cerca de las costas de Cape Cod, Nueva Inglaterra (Estados Unidos). El capitán del submarino manda a un grupo de hombres en busca de un tractor que les ayude a sacar el submarino encallado. En la búsqueda del tractor y de información sobre el lugar donde se encontraban, los marineros rusos tienen una serie de incidentes, incluyendo un encuentro con una jovencita que se siente atraída por uno de los marineros. Roban un carro, el carro se queda sin gasolina y tienen que continuar la búsqueda del tractor a pie, lo que termina alertando a los pobladores sobre su presencia. 

En la película, el jefe de policía del lugar hace un llamado a los pobladores a prepararse para defenderse de la invasión rusa. Para no hacerles muy largo el relato, en la confusión entre pobladores y los rusos del submarino, unos niños se suben al campanario de la iglesia del pueblo para ver el alboroto y uno de ellos resbala quedando prensado de la cornisa, a los gritos de la madre tanto los pobladores como los rusos olvidan el enfrentamiento y se disponen a colaborar haciendo una pirámide humana que termina por rescatar al niño. Superado el incidente vuelve la calma y en recompensa los pobladores ayudan a desencallar el submarino. Mientras todo eso pasa en la película, el ejército es avisado de la presencia rusa y envían varios aviones a atacar al submarino, pero lo que ven es el submarino saliendo del puerto escoltado por los vecinos de la isla en sus respectivas barcas para protegerlo de los aviones, hasta que lo llevan a aguas seguras. El final es emotivo, pues tanto rusos como pobladores se despiden entre lágrimas y risas. 

En esta ocasión se informó que la venida de los rusos obedecía al fortalecimiento entre ambas naciones sobre temas comerciales, económicos y al estrechamiento de relaciones entre ambos países. Si eso es así, pues bienvenidos sean, ya que las exportaciones a Rusia el año pasado —según dijo el alto funcionario ruso— apenas fueron de un poco más de cien millones de dólares, mientras que las exportaciones a los Estados Unidos superaron los dos mil millones. Soy un firme creyente de la libre empresa y a pesar de mis diferencias ideológicas con el estilo de gobierno ruso, si este acercamiento va a ser beneficioso a Nicaragua en sus exportaciones, como dije antes bienvenidos sean los rusos.

Pero si es para venir a sembrar otro tipo de cosas o dicha visita fue para solicitar un apoyo de otro tipo, ojalá y los que toman las decisiones sean prudentes y recuerden el proverbio africano que dice que cuando los elefantes pelean es el pasto y las hormigas los que sufren, y mal haríamos nosotros metiéndonos en conflictos de elefantes.

Si lo hiciéramos puedo garantizarles que, a diferencia de la película, esta vez la llegada de los rusos no tendrá un final feliz.

El autor es comentarista político.

Opinión
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