Hay quienes no gustan de la historia, personas que en cierta medida esquivaron los acontecimientos de su época sin percatarse que en ese andar perenne está la vida de todos.
En mi caso, como aficionado del pasado, sin cerrar los ojos al presente ni al futuro porque ambos son historia solo con el chasquido de los dedos, procuro escribir de lo que ha ocurrido en mi país en estos 63 años del terror inagotable que ha generado el régimen totalitario castrista.
La desinformación que se ha formado en torno a la interminable revolución cubana y su caudillo Fidel Castro, han hecho posible que muchos ignoren la realidad de lo allí ocurrido, al igual que las incontables injerencias políticas y militares que el régimen insular ha auspiciado en predios extranjeros, motivos por los cuales todavía restan mucho sordos y ciegos ante el sufrimiento de un pueblo que no está exento de responsabilidad en sus pesadumbres.
Por supuesto que la ceguera desinformativa no es el único responsable de tantas complicidades, hay también factores de distintos géneros que se coluden para salvaguardar sus respectivos intereses. De ahí la participación de Cuba en los Consejos de Derechos Humanos de Naciones Unidas y otros foros y eventos internacionales de los que debería ser excluida, como este del Festival de San Remo que se efectuará próximamente en La Habana.
Esta columna es para evocar las ejecuciones masivas de la dictadura, no es que los asesinatos de una o pocas personas no sean igualmente dolorosos y crueles, pero las muertes en masa son hechos horrendos que marcan hitos en la crueldad de cualquier régimen, por otra parte, tal vez falten en esta relación más de uno de esos trágicos sucesos, pero es que el control de la información del régimen es muy severo.
La primera ejecución en grupo de la que tengo conocimiento ocurrió en la Loma de San Juan, próxima a Santiago de Cuba. En un proceso judicial espurio presenciado por el sacerdote católico Jorge Bez Chabebe que se inició por orden de Raúl Castro la noche del 11 de enero de 1959, fueron sentenciadas a muerte setenta y dos personas que fueron ejecutadas en las horas siguientes frente a una zanja abierta por un buldócer.
El 12 de octubre de 1960, fusilan en la finca La Campana a cinco hombres, entre ellos un dirigente estudiantil y un comandante del propio ejército rebelde. Hay que destacar que en ese interregno se fusilaron cientos de combatientes por la libertad. Por estos mismos días fueron fusilados diez de los expedicionarios de Navas en la provincia Oriental, entre ellos tres estadounidenses.
En enero de 1962, unidades de guardacostas cubanos siguiendo órdenes de Fidel Castro tirotearon en la antigua Marina de Barlovento (hoy tiene el nombre de Marina Hemingway), a una veintena de ciudadanos, entre ellos ocho cubanos de origen chino, que abandonaban el país. Cinco de ellos murieron.
El 18 de abril de 1961 fusilan en La Cabaña a nueve ciudadanos, al día siguiente ejecutan a cinco en Pinar del Río, incluso un estadounidense; el 20 de abril asesinan a otros siete en La Cabaña, incluido un comandante del ejército rebelde; el 22 de ese mismo mes mueren asfixiados en la rastra que los transportaban nueve expedicionarios de Playa Girón.
Hay numerosos testimonios de sobrevivientes que, durante el mes de septiembre de 1962, fueron ejecutados varios centenares de opositores por su supuesta participación en un intento de golpe de Estado en agosto de ese año.
Julio 13 de 1963, fusilan en La Ceiba, Escambray, a diez y nueve guerrilleros que llevaban dos años presos, y el 22 de junio de 1964 fueron ejecutados en La Cabaña catorce guerrilleros y colaboradores de alzados.
Los fusilamientos de dos o tres personas, los asesinatos extrajudiciales y las desapariciones no cesaban, pero empalidecían ante estos crímenes masivos que no tenían la más mínima justificación, como fue la masacre del Río Canimar, Matanzas, donde fueron asesinados, al menos once civiles desarmados, que se encontraban en una embarcación que iba a ser secuestrada por tres personas.
Sin dudas el crimen de sangre más horrendo del totalitarismo fue el hundimiento del Remolcador 13 de Marzo, el 13 de julio de 1994, casi cuarenta años después del establecimiento del castrismo. Cuarenta y una personas resultaron ahogadas por querer abandonar el país, entre ellas diez niños, cuando la embarcación que los transportaba fue hundida conscientemente por navíos de la dictadura.
El autor es periodista y escritor cubano. Fue preso político en Cuba.