En mil novecientos noventa, al ingresar a trabajar al Ministerio de Gobernación, donde el ministro era el ingeniero Carlos Hurtado Cabrera, en los primeros días de abril de ese año la señora presidenta de la República, doña Violeta Barrios de Chamorro, después de su toma de posesión nos indicó que de manera urgente los módulos donde los oficiales de Inmigración y Extranjería atienden en el aeropuerto a los pasajeros, deberían estar cerrados con vidrios que permitieran al pasajero ver quién lo atiende y no herméticamente cerrados con plywood por los cuatro costados con un agujero para entregar y recibir la documentación como estaban en ese momento, sin ver quién atendía. Que eso era “una mala costumbre” de los países del bloque soviético. Que la parte superior de dichos módulos debía ser de vidrio y el funcionario de Migración identificado con su nombre en el frente de la camisa. De inmediato se cumplió la orden.
También expresó su preocupación acerca de los uniformes de la Policía Nacional, de Migración, del Sistema Penitenciario, que estos eran iguales a los del Ejército, que eso traía “reminiscencias del somocismo”, donde nunca existió una policía nacional y quienes ejercían funciones policiales vestían uniformes del Ejército. Que como principio para marcar la diferencia, había que vestirlos diferentes y que como éramos un país en quiebra, se buscara quién nos donara tela para hacer esos uniformes. Y como al perro más flaco se le pegan las pulgas, esa tarea le tocó a mi persona.
De inmediato comencé mi peregrinación de recorrer embajadas solicitando tela suficiente para hacer aunque fueran tres uniformes por miembro de los integrantes de las direcciones del Ministerio de Gobernación, Policía, Migración, Sistema Penitenciario, Bomberos, etc., en total en esa época unos 1,4000 miembros a nivel nacional. Aproximadamente unas 5 yardas por uniforme por tres uniformes por miembro. Sin duda, un pijazo de tela y la queríamos azul para los pantalones y blanca para las camisas. Yo me sentía como un “limosnero con garrote” cundo llegaba a las embajadas solicitando su cooperación en tela y hasta pidiendo colores.
Finalmente recibí respuesta de la Embajada de Taiwán, quienes me manifestaron que podían donarnos la tela color azul para los pantalones, pero que no había tela blanca disponible, que si la queríamos había una tela color celeste bajo o azul totalmente desteñido (imposible describir el color). Ni modo, “fiado y regalado hasta caer morado”. De esa manera nuestra Policía Nacional, ya no sandinista aunque fuera de nombre, pasó a tener un uniforme con los pantalones color azul con camisa de color celeste o azul bajo, el que actualmente usan hasta el día de hoy.
También manifestó en esa reunión la señora presidente, que cómo era posible que los vigilantes de empresas y casas privadas (CPF) anduvieran armados con ametralladoras AK-47, un arma de guerra. Que deberían andar armados con pistolas o revólveres y en último caso con escopetas. Que era un atentado en contra de la seguridad ciudadana que un CPF anduviera con un arma de guerra, que se consiguieran pistolas y/o escopetas para retirarle las AK-47 a los CPF. Que ya no éramos un estado militarizado. Y nuevamente el encargo recayó sobre el suscrito.
Se registró mi nombre ante el Gobierno de los EE. UU. como el de la persona encargada de firmar las órdenes de compras de armas y efectuar las gestiones ante el Departamento de Estado de dicho país, para que nos levantaran la prohibición existente a la fecha, de importar armas. Y después de varios meses de cabildeo y espera, y haberse levantado la prohibición de parte de los EE. UU., se compraron y llegaron al país las primeras escopetas marcas Mossberg, modelo Maverick, así como las primeras pistolas marca Beretta y SIG Sauer al país. Desde esa fecha los CPF usan pistolas o escopetas en el ejercicio de su trabajo.
Pequeños detalles dentro del proceso de democratización que se iniciaba en el país.
El autor es abogado y notario.