Juventud sin oportunidades

No es solo la actual generación de muchachas y muchachos que están perdiendo nuevamente el porvenir de sus horizontes en sus vidas desde la perspectiva de sus procesos educativos. Han sido ya cinco aproximadamente, desde julio de 1979, las que han enfrentado la pesadilla de la guerra, la migración forzada, la pobreza y la represión, al no haber podido desarrollarse en libertad y vivir sana y tranquilamente como suele ser en toda nación libre para estudiar, lo que no es posible en Nicaragua, máxime ahora que por arte de magia política desde la acera gubernamental, están siendo cerradas y clausuradas las universidades privadas en todo el país y sus personerías jurídicas.

Lo juro que cuando leí la noticia no lo podía creer, pero era cierto, aunque ya desde antes se le habían cerrado las puertas del financiamiento para becados a entidades como la Universidad Centroamericana (UCA) (donde años atrás yo había estudiado la carrera de Derecho), jesuita como la de El Salvador que lleva ese mismo nombre y de mucho prestigio en donde muchos profesionales de todas las categorías sociales, han salido de esa casa de estudios y han logrado llegar a ser destacados profesionales posteriormente.

Lo que ahora está cometiendo el Consejo Nacional de Universidades (CNU) al clausurar sin justificaciones de ningún tipo a muchas instituciones académicas superiores, no tiene nombre y no sabe más que la revancha e insidia gubernamental, pues aunque el Gobierno intente acomodarlo al decir que se nombrarán a nuevas autoridades académicas para proseguir sus estudios los jóvenes, ya el ambiente está caldeado, los padres de familia no se sienten bien y menos los propios alumnos, quienes ya no se sentirán cómodos en las aulas de clases, al ver en sus profesores a agentes «educativos» enviados por el Gobierno y sus planes de hegemonía y dominio curricular de toda una masa estudiantil deseosa de superarse y salir adelante.

La represión viene en aumento, veamos las atrocidades que se están cometiendo con las vidas de los presos políticos, condenándolos sin existir causas justas ni reales, pues ninguno de ellos ha cometido delitos que ameriten los cargos por los cuales se les están procesando.

Y no solo es el caso de los presos políticos, dichas arbitrariedades están en lo fino contra toda la nación, dentro y fuera del país, ya que en el exterior la cantidad de sapos e infiltrados sandinistas en las filas de la oposición para acallarla, chantajearla y dividirla están a la orden del día, no solo en la vecina Costa Rica, sino también aquí en Miami, donde han venido a parar tantos hermanos nicaragüenses en busca de un mejor futuro, de un trabajo digno y de un destino más propicio para sus hijos. Aquí también la mano negra y pachona de la dictadura se ha hecho sentir con los sandinistas disfrazados de demócratas que vienen a denigrar y a meter divisionismos.

La juventud nicaragüense desde el sandinismo en el poder no ha logrado desarrollarse a ciencia cierta. Recordemos que ellos fueron la carne de cañón del Ejército para morir en los campos de batalla con la Resistencia Nicaragüense, durante la década de los 80. A juicio de muchos, este fue uno de los casos más dañinos cometidos por la dictadura del Frente Sandinista de Liberación Nacional, siempre con Daniel Ortega a la cabeza y el novelista Sergio Ramírez como su segundo en el mando, cuando crearon el fatídico Servicio Militar Obligatorio siendo dirigido por Humberto Ortega, hermano del Dictador. Miles de jóvenes dieron sus vidas llevados a la fuerza a la guerra para defender la supuesta revolución popular. Y otros jóvenes, los que pudieron, se marcharon al exilio, y desde entonces la sociedad nicaragüense, la familia, quedó dividida para siempre.

Después, con los años de democracia de 1990 a 2006 los jóvenes en cierta medida pudieron desarrollarse mejor, prepararse y estudiar, aunque siempre bajo el asedio del sandinismo con su estructura social: la Juventud. Y ahora que volvió el país a retroceder, nuevamente está quedando vacío, se están yendo los jóvenes a donde pueden emigrar, y los pocos que van quedando enfrentan ahora el cierre despótico de sus centros de estudio.

Es cierto que esa relativa paz de 1990 a 2006 fue de mucho provecho a la sociedad en general y más para la juventud, se alejó el fantasma de la guerra, pero estamos sabidos que la cultura del odio y la gubernatura «desde abajo» nunca se descontinuó, como lo anunció Ortega al entregarle la banda presidencial a la recordada presidenta Violeta Barrios de Chamorro. Ahora los jóvenes enfrentan otro martirio: la cancelación de sus sueños.

La autora es emprendedora, escritora y empresaria estadounidense de origen nicaragüense. Activista de los Derechos Humanos y por la libertad de los presos políticos de Cuba y Nicaragua. Comisionada por Sweetwater y directora del programa radial Empoderate.

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