Si en estos momentos hay una noticia en constante desarrollo que predomina en el panorama mundial, es la que tiene que ver con la situación planteada en Ucrania, debido a la enorme concentración militar que ha desplegado el presidente Putin en la frontera de ese país. Esto ha obligado a las fuerzas militares del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los Estados Unidos y algunos países europeos, a salir en defensa de su aliado (Ucrania) enviando fuerzas militares tanto a la frontera ucraniana como a la de otros países que en el pasado formaron parte de la Federación de Rusia.
He seguido muy de cerca las incidencias y monitoreado cuanta información se da a conocer al respecto y creo que no estaría lejos de la verdad, si concluyo que en esta ocasión la aventura del presidente ruso Vladimir Putin ha ido demasiado lejos y que a la fecha sus consecuencias y el posible resultado se le salió de las manos.
Digo esto, porque no existe la más mínima posibilidad que una confrontación rusa en las fronteras de Ucrania, en la que se involucren las fuerzas de la OTAN, Inglaterra, Francia Estados Unidos entre otros, puedan ganarla los rusos. Pues a pesar de sus alardes, su armamento es inferior en tecnología y capacidad bélica a las de las fuerzas a las que enfrentaría de aventurarse a disparar el primer cañonazo. En cuanto a los miles de tanques rusos desplegados en la frontera, según analistas militares estos quedarían reducidos a chatarra en las primeras horas de la guerra tan pronto crucen la frontera ucraniana.
Ante esa realidad incuestionable, a Putin solo le queda la opción de salirse de esa situación mediante un diálogo que dé como resultado seguridades mutuas de que tanto Ucrania como ninguno de los otros países que formaron parte de la Federación de Rusia en el pasado, serían objeto de invasión y a su vez estos tendrán que asegurarle al Kremlin (Putin) que no prestarán su territorio para invadir o atacar a Rusia en ningún momento. Esa sería la única forma en que el ego y prestigio de Putin quedarían a salvo. No olvidemos que ya Vladímir Putin lleva 23 años en el poder en Rusia y sus enemigos no son pocos y no duden que le cobrarían en su momento si Rusia no sale medianamente ilesa del embrollo en que los metió por su expansionismo y sicosis de guerra fría en que vive.
Ahora, analicemos las consecuencias que esa confrontación podría acarrearnos a los nicaragüenses. Personalmente doy como un hecho que, de no llegarse a una confrontación bélica, van a haber acuerdos sobre la mesa y acuerdos debajo de la mesa, creo que los que nos involucrarán a nosotros, serán de los que se den debajo de la mesa. Ya nos ocurrió en tiempos de la guerra fría en los años ochenta. Producto de esos acuerdos fuimos a elecciones en el 1990, elecciones que ganó doña Violeta Barrios de Chamorro. No voy a entrar en detalles, pero la realidad es que en pleno siglo veintiuno estamos donde estamos y como estamos, todavía en busca de una paz social que nos permita avanzar y desarrollarnos como nación.
En esta ocasión tenemos dos opciones, la primera es dejar que las potencias hegemónicas definan nuestro futuro a como lo hicieron en el pasado y la segunda es que seamos nosotros los nicaragüenses los que tomemos las riendas de ese futuro y, como lo he dicho anteriormente, sin revanchismos veamos hacia el futuro y juntos diseñemos las bases de una sociedad en donde todos seamos iguales ante la ley, que todos tengamos las mismas oportunidades de acuerdo a nuestras capacidades, donde nuestros derechos humanos sea respetado por gobernados y gobernantes, que retomemos el cauce de la democracia con la certeza que es la mejor manera de salir adelante como nación, sin vencedores ni vencidos.
De lo contrario otros volverán a decidir por nosotros y entonces sí habrá un grupo al que no le gustará el camino que esos otros escogieron por nosotros.
El autor es directivo de las Fuerzas de Veteranos de la Resistencia Nicaragüense.