Donde dice «diálogo» leáse «extorsión»

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Sísifo

Nicaragua parece Sísifo, ese personaje de la mitología griega condenado a empujar una gran roca cerro arriba para que, al llegar a la cumbre, el peñasco ruede guindo abajo y vuelva a comenzar su castigo de nuevo, una y otra vez. Es frustrante. Revisemos nuestra historia. Cada vez que vemos una posibilidad de salir del hoyo, hay quienes nos empujan de nuevo al fondo. Y volvemos a empujar la roca con la esperanza de que esta vez sí llegaremos a la cima y seremos libres, solo para encontrar arriba al desgraciado que con toda la mala intención del mundo pegará la patada para comenzar todo de nuevo.

Elecciones

Llegar a las elecciones de 2021 costó demasiado. Más de 300 muertos, unos mil presos políticos y 170 mil exiliados, solo para mencionar las consecuencias mas visibles de ese esfuerzo por buscar un cambio en Nicaragua. Noviembre era la cima para Sísifo. A partir de ahí, esperábamos, ningún nicaragüense tuviera que morir o caer preso por querer cambiar o querer mantener un gobierno. Para eso son las elecciones. Gobernaría quien quiera la mayoría, aunque se equivoque, con la seguridad que en cualquier momento puede ser cambiado por la decisión de la misma mayoría. Noviembre 2021 pudo ser febrero 1990. Pero no, ahí estaba Daniel Ortega decidiendo que Nicaragua no debe ser libre y empujando la roca para que ruede.

Diputados

Tenemos 90 diputados dedicados exclusivamente a destruir a Nicaragua en la Asamblea Nacional. Desde hace varios años desarrollan un plan de demolición de derechos ciudadanos. Revise. ¿Cuándo fue la última vez que la Asamblea Nacional aprobó una ley que usted cree que trajo algún beneficio al país? Legislan para Daniel Ortega. La libertad y los derechos son sus enemigos. Cada día amanecen pensando qué ley represiva aprobar o qué personería jurídica quitar. Los presos políticos están presos por leyes absurdas que aprobaron precipitadamente estos señores. Estado de derecho le llaman a sus fechorías. Y todavía nos cobran por ello.

Ahora se habla de diálogo. Diálogo, como dije en otra columna, es una palabra bonita, respetable. Nadie debería estar en contra del diálogo de cualquier tipo. El problema es que donde nosotros leemos “diálogo” Daniel Ortega lee “extorsión”. Entonces estamos hablando de cosas muy distintas unos y otros. Lo que pasa es que por vergüenza y conveniencia no podría decir: “Vamos a llamar a los diferentes sectores a una gran extorsión nacional”. Pero, basta que usted sustituya una palabra por la otra, donde dice diálogo ponga extorsión, y verá como las piezas caen en su lugar y todo empieza a tener sentido.

Familiares

Que los familiares de los presos políticos estén dispuestos a aceptar la extorsión es comprensible. Cualquiera de nosotros pagaría lo que esté en sus manos para rescatar a su ser querido. No sería esta la primera vez que se paga para salvar la vida de un secuestrado. Que llamen “diálogo” a la extorsión a la que están sometidos, también es razonable por aquello de persuadir al secuestrador. Lo que es deplorable es que haya quienes se monten sobre el dolor de los familiares para buscar, en nombre de ellos, una negociación a la medida del régimen que los extorsiona.

Cálculos

El más necesitado de diálogo (recuerde que mentalmente cambiará la palabra a “extorsión”) es Daniel Ortega. Necesita legitimidad y que le quiten la presión internacional, sin ceder nada. A él le gusta el país que ha destruido. Ortega necesita seguir reprimiendo en libertad. Su única carta de cambio son los presos políticos porque técnicamente no le cuestan nada. En el momento que lo necesite vuelve a hacer otra redada y ya tiene más fichas para negociar. Por eso busca como hacerles el mayor daño posible con propósitos extorsivos, y pretende valorizarlos como monedas de cambio imponiéndoles largas condenas. No es lo mismo negociar la libertad de alguien en “investigación” que alguien condenado. Tienen que pagar más, piensa en sus cálculos.

Ilegitimidad

A estas alturas, un diálogo, extorsivo como el que se plantea, sería tan legítimo como las elecciones de noviembre pasado. Y una ilegitimidad no puede legitimar a otra ilegitimidad. Puede haber diálogo (recuerde cambiar la palabra). Puede que lo traten con el respeto de un presidente electo. Puede que incluso se le prometan las concesiones que pide, pero se confunde Daniel Ortega si piensa que esa amabilidad en el trato es el reconocimiento que busca. Es una simulación. La misma amabilidad fingida con que se trataría a un secuestrador para que libere a los rehenes.

Derrumbes

Nos vendieron la revolución como la Nicaragua libre que buscábamos. Luego el pacto supuestamente iba a traer estabilidad política a Nicaragua. Nos dicen que Daniel Ortega es el “pueblo presidente”. Que los fraudes son elecciones. Que reclamar derechos es delito. Que los asesinos son los “defensores de la paz” y que protestar contra el régimen es “golpe de estado” o “terrorismo”. Ahora dicen que la extorsión es diálogo. Demasiado han mentido para que vayamos a creer que esta vez, al final de la cumbre, no estarán los desgraciados empujando de nuevo la roca cerro abajo para que volvamos al fondo con ella.

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COMENTARIOS

  1. Hace 4 años

    Bajo el subtítulo «Ilegitimidad» Las dos primeras líneas, tengo la impresión que no concatenan. Respetuosamente.

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