El mundo está cambiando y en muchos aspectos para bien, aunque nos parezcan nublados los golpes de la vida cotidiana, en la política, en la vida familiar, en el amor y en las finanzas. Pero el mundo está cambiando, como decía una vieja canción española de los años 60 o 70. Y esta vez siendo precisa, me refiero a las sendas propuestas que desde Estados Unidos, y sobre todo desde la Florida, están sucediendo, como las iniciativas de leyes para conocer desde las escuelas en los niños, lo dañina que ha sido la doctrina del comunismo, y las trágicas consecuencias contra la humanidad en los países en los que ha sido llevada a la práctica.
En efecto, me refiero a las dos leyes que por primera vez en la historia están diciendo basta ya de tanta maldad oficial desde el sistema ideológico comunista. Esas leyes son, en el orden debido, la ley aprobada y conocida en inglés como «Civic Education Curriculum» o proyecto de Ley SB1450, la cual establece que de ahora en adelante se conocerán en las escuelas los peligros que entraña el sistema comunista para Estados Unidos, al igual que para el mundo entero sin exclusión de ninguna clase, siendo de carácter y rango obligatoria su enseñanza en los colegios públicos del Estado; y la otra, la iniciativa presentada por la congresista María Elvira Salazar, conocida como «Ley de enseñanza crucial del comunismo».
Debo confesar que ambas leyes son contundentes, he estado en reuniones y actividades con sus promotores en diversas ocasiones, pero quiero hacer énfasis en esta nueva propuesta congresional, la cual además de Salazar, fue presentada por los también congresistas cubanoamericanos del Sur de la Florida, Carlos Jiménez y Nicolle Maliotakis, quienes ya al frente de esta gran propuesta para los pueblos con espíritu de libertad han dado un contundente paso en la defensa de los ideales democráticos frente a la amenaza avasalladora del sistema creado por Carlos Mark y Vladimir Lenin, el marxismo leninista y su negro proceso social llamado comunismo.
Esta nueva propuesta de ley de ataque frontal al comunismo, que se centra en proteger la democracia en Estados Unidos como en el resto del continente y del mundo entero, aspira (y lo logrará) posicionar dentro del Departamento de Estado a una figura que sea «observadora de los países controlados por los regímenes totalitarios de esa ideología», algo así como una especie de observatorio político que dinamice y censure dentro del orden civilizado mundial, las atrocidades y barbaridades que se cometen a diario bajo las cuerdas de esa doctrina, la cual parece no desistir en sus perspectivas de dominio hegemónico mundial, y las que hoy en día, nadie desde la perspectiva de los organismos mundiales ha condenado.
En efecto en el mundo han habido miles de encuentros, congresos, foros, asambleas etc., condenando el fascismo, pero jamás ha habido uno que condene al comunismo, siendo en la realidad este sistema más injusto, descabellado e inhumano que el propio fascismo, igualmente aborrecible para la humanidad. Es por eso que considero que esta propuesta de los congresistas sureños traerá muchos buenos beneficios no solo para esta nación sino para todo el planeta, ya que muchas personas en este convulso mundo, desconocen los horrores del sistema y muchas veces, se dejan llevar por los cantos de sirena de sus emuladores, quienes en efecto abogan por un mundo mejor y lleno de oportunidades para todos, pero que en la práctica solo ha sido para crear nuevas castas: las de sus propios dirigentes quienes se enriquecen a costa de los sacrificios y limitaciones y engaños que imponen a sus pueblos.
Me emocioné, lo confieso, cuando en el acto realizado acá en Miami, el congresista Jiménez dijo que parte de esta iniciativa es buscar a un embajador especial, que se enfoque en la causa de la libertad anticomunista, para que dentro de esa sinergia se pueda ayudar a aquellos que luchan por la libertad de los países bajo el yugo comunista.
Cuando oí esas palabras se me humedecieron los ojos, pensé primero en los horrores que los nicaragüenses hemos vivido ya bajo dos dictaduras. Pero también pensé en el pobre pueblo cubano, en Venezuela, en Bolivia, y más atrás en la Europa que sufrió hambre y vivió la peor miseria de sus vidas bajo las botas comunistas. Y como si fuera poco, como si la película no acabase nunca de terminar de rodarse, seguimos viviendo en los países de América Latina mencionados.
Estoy segura que los siguientes pasos de esta iniciativa tendrán adversarios que la quieran minimizar, vendrán debates y proclamas contra ellas, pero si Dios y el universo están a favor de la libertad y la democracia, tendrá efectos maravillosos para el bienestar de los pueblos que tanto necesitan hoy en día.
La autora es empresaria y emprendedora estadounidense de origen nicaragüense. Comisionada por Sweetwater y activista social y humanitaria, escritora y defensora de los Derechos Humanos