Insisto, necesitamos un Nelson Mandela

El pasado lunes 24 de enero el título de mi artículo fue: En Nicaragua necesitamos un Nelson Mandela. Tal como lo predije, recibí las acostumbradas críticas de quienes ocultan su odio y cobardía escudándose en una falsa defensa de los muertos y de los presos. Lo digo así porque para estos no hay camisa que les quede, viven vociferando contra el régimen, pero no se atreven a enfrentarlo. 

Cuando escribí que en Nicaragua necesitamos un Nelson Mandela, lo hice asumiendo que antes de opinar se iban a tomar el tiempo para conocer un poco de ese gran hombre que no solo transformó el futuro de su pueblo (los negros), sino que el de la nación entera, me refiero a Sudáfrica. Por ello hice la salvedad que los 26 años de cárcel que sufrió Mandela no lo convirtieron en líder, pues él ya era líder cuando lo encarcelaron, que jamás la cárcel doblegó su carácter y mucho menos sus principios. 

También expresé que Nelson Mandela bien pudo ser uno más de los líderes que solo vislumbraban el cambio para deshacerse del odioso apartheid mediante la violencia, en cambio mantuvo su posición que lo que no se había podido conseguir con la política del odio, podría lograrse por medios pacíficos y constitucionales.

Al final su posición de que solo practicando la democracia de un hombre un voto y el respeto a ese voto, sería lo  que sacaría adelante a Sudáfrica, logró  convencer a Frederik de Klerk, presidente de Sudáfrica, que cedió y abrió el camino para desmontar la segregación racial. En febrero de 1990 legalizó el partido  Congreso Nacional Africano y liberó a Mandela, que se convirtió en su principal interlocutor para negociar el desmantelamiento del apartheid y la transición a una democracia multirracial que lograron culminar exitosamente. Mandela y De Klerk compartieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

He hecho este pequeño relato para felicitar y apoyar la posición asumida por los familiares de los reos políticos dada a conocer el pasado 25 de enero. Cuando expresan que debemos comenzar a construir puentes para desarmar las desconfianzas mutuas que nos han separado por siglos, hablan haciéndose eco del sentimiento de una gran parte de nuestra población.

Prueba de ello, es que la cúpula del Cosep secundó la petición de un gran diálogo para reunificar la familia nicaragüense. En la misma línea de apoyo a dicha iniciativa se pronunciaron el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos. LA PRENSA no se quedó atrás y en su editorial del 27 de enero hizo suya la petición de los familiares, haciendo la salvedad de que ya es tiempo de que todos nos aboquemos a promover una verdadera reconciliación nacional que nos conduzca en paz a reencontrar el camino del progreso por la vía constitucional.

No tengo la menor duda que el clamor de los familiares seguirá expandiéndose y quiera Dios que se escuche en nuestros centros de poder y al igual que en Sudáfrica honremos a nuestros muertos (de ambos lados) deshaciéndonos de esos odios mezquinos que nos tienen convertidos en el país más pobre del continente americano. 

Creo oportuno hacer mención, que si bien es cierto que hoy Sudáfrica es una nación que camina con optimismo hacia el futuro, es justo reconocer que Nelson Mandela tuvo en el entonces presidente sudafricano Frederik de Klerk a un hombre que se dio cuenta que de seguir por la ruta que llevaba el supremacismo blanco era condenar a su pueblo a un desastre de impredecibles consecuencias.   

Por esto y otras muchas razones, considero que ya es tiempo que en Nicaragua todos depongamos las actitudes que nos separan y juntos, sin revanchismos, sentar las bases del futuro de la Nicaragua del futuro. Pues, como dijo el presidente socialista José (Pepe) Mojica cuando se retiró de la vida política, la democracia no es perfecta, pero hasta ahora no hemos encontrado un sistema mejor. Cuídenla.

El autor es directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia nicaragüense.

Opinión
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