Alentados por los tropiezos, los Leones se levantaron con más vigor

Los Leones dieron siempre la impresión de que en los más profundo del sufrimiento encontraron la fuente de su inspiración para vencer a los Gigantes

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Es difícil no inclinar la admiración hacia los Leones, equipo que dio siempre la impresión de encontrar en lo más profundo del sufrimiento su fuente de inspiración. Y desde ahí se impulsó a la cima de la montaña, derrotando a los críticos, convenciendo a los dudosos e ilusionando a sus seguidores.

Pocos equipos en la historia del beisbol nacional han tenido tantas dificultades a través del camino como estos Leones, quienes incluso casi ni participan en la Liga Profesional. Y sin embargo, nunca perdieron la esperanza y tras reponerse de los tropiezos, regresaron con más vigor hasta imponerse.

Probablemente en ellos se materializa aquella expresión del escritor español Benjamín Jarnés: «los héroes se fraguan perdiendo, no ganando; a los débiles los alienta la victoria, pero a los fuertes los alientan las derrotas». Y desde ahí, desde la caída, los melenudos se impulsaron con fuerza hacia la cima.

Pero estos Leones no solo son corazón y agallas. También tienen clase. Ejecutaron las jugadas en el momento preciso, aplicaron la estrategia correcta y mantuvieron la firme convicción de triunfar a pesar de las dudas a su alrededor. Y claro, también la fortuna hizo la parte que le correspondía.

Al final, lucían tan confiados en sus talentos y habilidades que las victorias parecían inevitables, aunque para conseguirlas debieron batallar hasta el extremo, incluso en ocasiones en las que el agotamiento y la derrota ya asomaban por sus ojos, como en el sexto juego, cuando escaparon a la guillotina.

Y sin embargo, este es el mismo equipo que informó a través de un comunicado que no participaría en la liga por falta de patrocinadores. Y que tras iniciar con buen ritmo, se fue desvaneciendo, hasta quedar en el tercer puesto, mientras perdía siete de sus últimos once partidos, activando las alarmas.

Eso no fue todo. León iniciaría con cinco derrotas seguidas en un calenario de 12 juegos del round robin. Y mientras le llovían críticas al mánager Sandor Guido y se cuestionaba la entrega de los jugadores, Ofilio Castro fue separado del equipo y dio la impresión de que habían más grietas de las que se suponía.

Y casi como un asunto milagroso, los Leones le aplicaron una paliza 19-4 al Tren del Norte y ahí comenzó una hilera de seis victorias que los metió directamente a la Final contra los Gigantes de Rivas, equipo bien balanceado y que saltaba como favorito de acuerdo a la opinión de la mayoría de los entendidos.

Para no perder la costumbre, los melenudos perdieron los primeros dos partidos de la Final y no solo se pensó en una barrida de los Gigantes, sino que era inevitable su caída defintiva. Ahora luchaban también contra la historia. Todos los siete equipos que había tomando ventaja 2-0 en una Final, se habían coronado.

Sin embargo, los Leones tenían una historia diferente que escribir y después de nivelar 2-2 en un par de dramáticos encuentros, volvieron a quedar atrás 3-2 ante unos Gigantes que parecían haber recuperado su mejor versión, pero tras imponenerse en un desgastante sexto juego, los felinos forzaron un duelo definitivo.

En lo que pareció su victoria más cómoda, los Leones se apoyaron en un Dilmer Mejía cerebral para atar a los Gigantes y vencerlos 4-2, con lo que completaron una historia de final feliz luego de haber atravesado mil inconvenientes que solo sirvieron para hacerlos más unidos, más firmes y más exitosos.

Pero como entre más grande es el sufrimiento, mayor es la gloria, ahora es tiempo de celebración en León.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR

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