En Nicaragua necesitamos un Nelson Mandela

Debo confesar que en esta ocasión demoré un poco más de lo usual en leer este libro, pero valió la pena porque disfruté cada página que leí. Si quieren conocer las vicisitudes y carácter de un líder de verdad que cambió la historia de su pueblo (Sudáfrica) lean El largo camino hacia la libertad, escrito por el mismo (Nelson Mandela) en 1994. El largo camino hacia la libertad es la estimulante historia de su vida. Nelson Mandela representa para millones de personas el triunfo de la dignidad y de la esperanza sobre la desesperación y el odio, de la autodisciplina y el amor sobre la persecución y la ignominia. Su extraordinaria vida consagrada a la lucha contra la opresión racial lo hizo merecedor del Premio Nobel de la Paz y lo alzó a la Presidencia de su país. Después su puesta en libertad en 1990. 

Los 26 años de cárcel no lo hicieron líder, ya era un líder cuando lo confinaron en las ergástulas en que el gobierno de los blancos condenaba a los negros que se oponían al odioso apartheid. Hago esta mención porque desgraciadamente acá en Nicaragua, en algún momento se pensó que la cárcel era fábrica de líderes, hubo quienes consideraron que el haber estado en prisión los habilitaba o los hacia merecedores de posiciones de liderazgos, en la oposición más de uno llegó a considerarse presidenciable por haber sido prisionero político, hasta que un joven dijo, “Nicaragua no me debe nada”, refiriéndose al encarcelamiento que sufrió. Lo que hice lo hice porque sentí la obligación de hacerlo, palabras que apaciguaron las ambiciones de más de un político de nuevo cuño. 

Pero en realidad, la intención de este artículo no es hablar de las debilidades o virtudes de nuestros políticos, sino más bien llamar la atención sobre las cualidades y actitudes que asumen los verdaderos líderes en los momentos difíciles. Nelson Mandela lo tenía todo para ser uno más de los líderes que optaban por la violencia y la filosofía del diente por diente y ojo por ojo, en cambio después de su excarcelación después de 26 largos años de torturas y privaciones, abogó por la paz dejando claro, clarísimo que la paz solo era posible alcanzarla mediante el perdón. Hay quienes con mucha razón consideran a Nelson Mandela como el hombre humilde que al igual que Mahatma Gandhi lograron la libertad de sus pueblos practicando la no violencia, con la certeza de que al final los pueblos que logran desprenderse de los odios que los enfrentaron en algún momento, son aquellos que construyen su futuro teniendo como columna vertebral la igualdad, la convivencia pacífica y el respeto por los derechos de los demás. 

Me he referido a Nelson Mandela, porque hoy más que nunca estoy convencido que en la actualidad los nicaragüenses necesitamos un Nelson Mandela que nos saque de la política del odio del revanchismo y que nos haga ver que seguir destruyéndonos en nombre de nuestros muertos (de ambos lados) no nos llevará a nada, es decir, nos seguirá hundiendo como sociedad.

Para finalizar quiero recordarles que nosotros, los contra,  luchábamos por conseguir un triunfo militar y los gobernantes de los 80 lo hacían con la intención de exterminarnos y seguir gobernando. Al final, como peones de un ajedrez mundial fuimos negociados y obligados a buscar la paz, el error fue que hubo quienes lo hicieron de mentira ocultando sus odios reviviéndolos tan pronto les fue posible.

 En esta ocasión volvemos a tener la misma oportunidad, me refiero a tratar de encontrar el camino de la paz nosotros mismos. Quiera Dios que nuestro Nelson Mandela aparezca pronto y nos conduzca a ese cambio en que alcancemos todos, de lo contrario serán otros los que nos negociarán nuevamente, pero para sus propios beneficios.

El autor es comentarista político y directivo de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.

Opinión Nelson Mandela Nicaragua archivo
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