Nicaragua entre el hambre y la migración forzada

Quienes vivimos en Estados Unidos (EE. UU.) lo hacemos con la diaria zozobra por nuestros hermanos nicaragüenses en su tránsito hacia este país, preocupados por un asalto en tierras centroamericanas o en México, ser víctimas de los narcos en la frontera lo que hasta sus vidas pueden costarles, o cualquier juego de barajas con sus destinos ya en manos de la policía de inmigración en suelo americano.

Mientras quienes viven o siguen allá también padecen otra zozobra, la de la subsistencia alimentaria ante la creciente carestía de la vida, de la comida, el pago de los servicios básicos, de los niños para ir a la escuela y de otras necesidades como la salud, el transporte o el costo de la energía, lo que vuelve cada vez más insostenible el sostenimiento de sus vidas domésticas desde el punto de vista económico, y de ser ciudadanos de un Estado fallido ante tanto descalabro administrativo de parte de  la dictadura Ortega-Murillo y su obsoleto sistema comunista de gobierno.

No podemos ser mal agradecidos con el humanismo de países como Estados Unidos, Costa Rica o España entre tantos otros, pues a pesar de muchas situaciones difíciles, ellos han albergado con el refugio o asilo a muchos de nuestros compatriotas en la nueva diáspora generada desde abril de 2018 con la rebelión del pueblo ante las injusticias e inconstitucionalidades del régimen, violaciones a los Derechos Humanos, encarcelamientos y viles asesinatos. 

Por eso quienes vivimos acá, en este gran país del norte que es EE. UU., no nos cansamos de seguir solicitando apoyo migratorio a las más altas autoridades en Washington, demócratas y republicanas, para generar pistas de estabilidad migratoria que le permitan a los nuestros, como al resto de centroamericanos, trabajar legalmente y poder así ellos mantenerse, iniciar una nueva vida y enviar remesas a sus familiares, con lo que la economía pinolera (contra todo resentimiento grosero del dictador de turno y su esposa que hacia este país sienten), se mantiene a flote.

Sobre este particular, resalta el cinismo sandinista cuando años atrás uno de los comandantes, Bayardo Arce, se llenaba la boca diciéndole a los periodistas que las «remesas aumentaban», con gran alharaca, queriendo dar a entender o confundir a la población de que eso era más bien como una iniciativa de su Gobierno, siendo todo lo contrario: es el aporte de miles y miles de nicaragüenses quienes a diario envían lo que pueden para que en sus hogares no falte el sustento para el diario vivir, son precisamente esos miles de afectados por las políticas nefastas y totalitarias de su propio partido.

Según sondeos de medios independientes en Nicaragua, nunca como ahora el costo de la canasta básica ha alcanzado cifras estratosféricas para los empobrecidos bolsillos de la ciudadanía, sobre todo los 23 productos alimenticios para un total de 53 en la carretilla familiar.

Este incremento en comparación con la canasta básica se da en gran parte debido a los 3 años de continua recesión en condiciones sociales muy complejas, como la inestabilidad política sobre todo de represión a las libertades ciudadanas más elementales, pues esto incide en la merma de la productividad y en la propia actitud de comerciantes pequeños, medianos y grandes al no haber un clima estable para poder generar mercados más productivos.

Tanto la reforma a la Ley Tributaria como el covid-19 han incidido en esta alza que ya no le permite a la gente poder adquirir todos estos productos, pues son demasiado elevados para los míseros salarios devengados por  la mayoría de la población, en un país donde los salarios se han congelado desde mucho tiempo atrás, en el cual hasta el asistencialismo típico de los países con inclinación estatista se ha venido disminuyendo.  

Es necesario un cambio de timón en Nicaragua, pero este no se va a dar con el actual régimen autoritario e inoperante, igual que el de Venezuela o de Cuba, sino cuando haya un cambio del sistema totalitario a uno libre con democracia. Claro que si nos vamos a leer un panfleto gobiernista leeremos todo lo contrario a estas observaciones, pues la fantasía periodística oficial coloca todo de color de rosa, haciéndole creer a la gente que todo está bien y que el rumbo de la nación va por buen camino.  ¡Nada que ver!

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Tanto los migrantes indocumentados, como nuestros compatriotas ahogados hasta la coronilla económicamente hablando, y sin poder ejercer sus derechos libremente como en cualquier país democrático del mundo, tendrán mejores oportunidades cuando salgamos de la dictadura, de sus malandrines y secuaces y de sus torturas al pueblo indefenso. Esa es nuestra lucha y es nuestro deber.

La autora es empresaria, emprendedora, poeta  y activista social humanitaria.  Americana de  origen nicaragüense,excomisionada, articulista y analista.  Dirige el programa radial «Empoderate» en la ciudad de Miami.

Opinión Estados Unidos archivo
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