El 10 de enero se esclarecieron unas conjeturas y surgieron otras

El pasado 10 de enero, fecha en que se juramentó para un cuarto mandato consecutivo el presidente Daniel Ortega, se despejaron algunas conjeturas que habían surgido sobre su discurso de toma de posesión y a su vez surgieron otras que mantienen ocupados a analistas políticos, opositores, opinólogos  como yo e imagino que también a los familiares de los prisioneros que la oposición califica como reos políticos. 

Digo esto, porque mucho se había especulado sobre la promesa de campaña que hiciera Daniel Ortega acerca del famoso diálogo nacional por la paz. De entre todas las conjeturas que se habían formado acerca de por dónde vendría su discurso en esta ocasión, no hay duda que el diálogo era la que mayor cantidad de opiniones encontradas suscito. 

Otra explicación que se esperaba, era acerca de las recientes relaciones diplomáticas con China continental, ya que habían generado muchas expectativas sobre el apoyo económico inmediato del gigante asiático. Podría decirse que una tercera era el mensaje a la comunidad internacional occidental, léase Estados Unidos, Europa y algunos países del cono sur. Creo que también había algunos cuantos que albergaban la esperanza de una toma de posesión sin detenidos, cosa que tampoco sucedió.

Comienzo por las expectativas sobre el diálogo prometido. No creo faltar a la verdad si digo que la posibilidad del diálogo y la participación de los posibles dialogantes, habían dividido en dos a los opositores al régimen. A los que se creía que podrían ser llamados a asistir, se les comenzó a llamar dialogueros y cómplices, 

Los que se sentían marginados del posible diálogo, comenzaron a poner ciertas condiciones que no había que ser sajurín para adivinar que su cumplimiento por parte del gobierno era imposible. La falta de mención del controversial diálogo en la toma de posesión, imagino que será suficiente motivo para doblar esa página.

En cuanto al anuncio del porqué de las recién iniciadas relaciones diplomáticas con China Continental, para no meterme en la pata de los caballos solo diré que me dio la impresión que Daniel Ortega no estaba bien informado de sus alcances en el corto plazo. Los que vieron el acto de toma de posesión no creo que necesiten mayor explicación. En cuanto a las futuras relaciones con la comunidad internacional occidental, por decir algo, diré que siguen igual. 

Me queda  las expectativas que habían surgido sobre una posible liberación de detenidos. Esta tampoco se dio y no creo que se dé en el corto plazo; y aunque le caiga pesado a más de un o una familiar de detenido, debo decir que considero que sería muy difícil llevar de peor manera el esfuerzo por conseguir la libertad de sus familiares. 

Ahora paso a las conjeturas que se crearon. Ya quedó claro que el diálogo en la forma en que se lo imaginaban algunos es cosa del pasado, por lo tanto, hablemos del futuro de las relaciones con los chinos de la China. Como nicaragüense que sigo viviendo en Nicaragua, estoy obligado a esperar que ese avión que viene cargado de yuanes termine de aterrizar, que los mega proyectos comiencen a fluir y que el banco multimillonario que anuncian algunos gobiernistas de nuevo cuño, sea pronto una realidad. 

Ahora paso a especular sobre lo que podría llamar la parte del discurso que más comentarios ha suscitado. Me refiero al ya famoso borrón y cuenta nueva. ¿Qué quiso decir el presidente Ortega con su frase de borrón y cuenta nueva? ¿A quién iba dirigida esa frase? Antes de contestar permítanme decirles que el diccionario define como borrón y cuenta nueva, al acto que indica que una persona olvida los comportamientos, errores o faltas que otra ha cometido con respecto a ella en el pasado, para actuar como si no hubieran ocurrido nunca.

Si eso fue lo que estaba en su mente al momento de decirlo, yo los invito a reflexionar mucho antes de echar en saco roto dicha propuesta que, por supuesto tendría que ser de doble vía. De lo contrario sigámonos odiando y condenemos a una tercera generación a vivir como hemos vivido hasta ahora.

El autor es comentarista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.

Opinión Daniel Ortega archivo
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