La Iglesia católica siempre será un poder ya que tras ella está la mano y la voluntad de Dios, desde que Jesucristo nuestro Señor encomendó a Pedro, uno de sus apóstoles dicha misión en la Tierra.
Por eso la Iglesia es invencible a pesar de los mil obstáculos que ha enfrentado desde hace más de dos mil años, siendo los más agresivos los que ha vivido en los sistemas comunistas, como en la Nicaragua de los 80 y en la actualidad.
Esta vez, recientemente la última estocada contra la Iglesia ha sido la de que, luego de que el Gobierno de la hermana República de Taiwán donara a la Arquidiócesis de Managua la sede de su ex embajada tras la ruptura de relaciones diplomáticas para aceptar a la China Continental, el régimen confiscó dicha propiedad para concederla a la nueva representación diplomática.
Los sandinistas desde la época de su guerrilla rural y urbana recibieron muchos favores de la Iglesia católica, la misma que también tuvo que mediar entre ellos y el gobierno del presidente Anastasio Somoza. También muchos guerrilleros recibieron seguridad y apoyo humano de la Iglesia, corriendo riesgos muchos curas. Pero como bien dice el dicho, «mal paga el Diablo a quien bien le sirve» y se olvidaron desde el principio de cuantos beneficios han recibido.
No voy a ahondar en el caso de la ruptura de relaciones con Taiwán, sino en la provocación hecha ahora que Ortega ya se siente apoyado por la China Continental (a quien gran parte de Occidente culpa de ser la responsable del Covid19 y los daños y pérdidas humanas que ha dejado la pandemia en la humanidad).
Ese hecho de mala diplomacia y pésimo agradecimiento, es cierto que era de esperarse pues tanto el Gobierno de Nicaragua como los de Costa Rica y El Salvador ya lo habían hecho en Centroamérica para obtener mayores beneficios económicos. Pero ya era suficiente como para seguir creando más errores tácticos que solo van en mayor detrimento de la imagen de Nicaragua ante países y regiones claves como Estados Unidos y la Unión Europea.
Cuando leí la noticia lo primero que se me vino a la mente fue las confiscaciones en los 80, y de paso todos los daños materiales, morales, de chantajes y hasta de exilios forzados como el caso del obispo Pablo Antonio Vega, a quien sacaron del país en un helicóptero abandonándolo en un punto fronterizo. Y muchos otros casos más.
Tengo entendido que la República China de Taiwán reaccionó ante este nuevo atropello, y con justa razón. Ahora debe de esperarse un pronunciamiento y un juicio condenatorio mundial ante este hecho, que también es una amenaza más real a los ojos y vistas de los empresarios nicaragüenses.
Como mujer de principios y valores democráticos, libre y dueña de mis decisiones como ocurre cuando se vive en una democracia y en un país libre, expreso mi solidaridad con Taiwán, con su pueblo y su Gobierno, en espera de que la justicia llegue a ese pueblo hermano en aras de su merecido reconocimiento como nación; y mi proclama para que en Nicaragua el régimen de Daniel Ortega cese todo acto de violación humana, social y diplomática y para que cese el mancillamiento a nuestra Iglesia católica.
La autora es empresaria, emprendedora, articulista y escritora. Comisionada por Sweetwater y directora del programa “Empoderate”. Ciudadana estadounidense de origen nicaragüense.