En los últimos días, han sido muchos los mensajes de amigos de dentro y fuera de Nicaragua que me han pedido que en mi primer artículo del 2022, analice las perspectivas económicas y políticas del nuevo año. Más de uno me pidió que fuera prudente y me recordó el título de una película, El último de los mohicanos, pues según él (mi amigo) nos cuentan con los dedos de una mano a los articulistas que estando dentro del país, nos atrevemos a tocar temas considerados espinosos en estos tiempos.
Por ello, respetando por múltiples razones las leyes de la materia, he decidido aceptar el reto de escribir sobre las expectativas y esperanzas de este año que recién empieza. Mi opinión, es que la palabra que mejor lo define, es la que da título a este artículo, ‘’incertidumbre’’. El diccionario define la palabra incertidumbre como: La falta de certeza, un estado de conocimiento limitado donde es imposible describir con exactitud un resultado futuro. Ampliando el concepto también se puede decir que incertidumbre es una expresión que manifiesta el grado de desconocimiento acerca de una condición futura. Etimológicamente está conformada por el prefijo in (negación) y certus (cierto), por lo que se define como la falta de certeza sobre algo que nos inquieta.
Hecha la aclaración, quiero precisar que me estoy refiriendo específicamente a quienes nos encontramos dentro de Nicaragua, razón por la que no podemos predecir cuál será la actuación por ejemplo de la Organización de Estados Americanos (OEA) después del impase que solicitó su secretario general. Tampoco podemos aventurarnos a especular qué hará el imperio con todas sus leyes aprobadas que afectan a los nicaragüenses de algún modo; lo mismo puede decirse de la Unión Europea. En cuanto a nuestros compatriotas que emigraron, estos, a mi juicio, al igual que cuando estaban en Nicaragua todavía no encuentran cómo responder a la situación que los hizo emigrar y tengo la incertidumbre de saber cuánto más demorarán en encontrar la repuesta.
Dentro de todo este cúmulo de incertidumbres, hay quienes sí tienen la certidumbre de qué, cómo y cuándo van a ocurrir las cosas en este 2022 que recién empieza. Me refiero a los señores del gobierno. El próximo nueve de enero, toman posesión de sus cargos los diputados electos en las elecciones recién pasadas, de entre ellos eligen a su junta directiva y el que resulte electo presidente, que dicho sea de paso no tengo ninguna incertidumbre sobre quien será, es el que tomará juramento al que resultó favorecido con el resultado que dio a conocer el Consejo Supremo Electoral (CSE) en dichas elecciones.
Esa persona sí sabe dónde estamos y para dónde vamos, así que para mientras ese momento llega (10 de enero) lo más saludable es saber administrar nuestras incertidumbres y esperar que la sensatez, el sentido común y la procura del beneficio colectivo como nación, sean el que priven él. De lo contrario la incertidumbre con que estamos iniciando el nuevo año, se irá despejando de mala manera a medida que el año se vaya haciendo viejo.
Para finalizar, a pesar de quienes dicen que de buenas intenciones está empedrado el infierno, yo espero que este año se disipen una serie de nubarrones que nos inquietan, que nuestros empresarios se hayan dado cuenta que competir en igualdad de condiciones es sano, que nuestros obreros y campesinos sin discriminaciones de ningún tipo tengan más fácil acceso a incorporarse con dignidad al siglo en que vivimos y que el gobierno gobierne para todos.
Solo así podremos convivir en paz y salir adelante, de lo contrario seguiremos entregando nuestro futuro como nación en manos que solo nos usan para su beneficio y una vez satisfechos sus intereses nos desechan. Ya nos sucedió una vez.
El autor es comentarista político y miembro de la organización Fuerzas de veteranos de guerra de la Resistencia nicaragüense.