Hace más de cien años lo dijo Rubén Darío en su brillante poesía y pensamiento: “Oh Señor el mundo anda mal…» en referencia al tiempo duro e inhumano que la vida le hizo ver y sentir en carne propia.
Y así ha sido el mundo desde antes y en la actualidad, lleno de odio, guerras estúpidas, deforestaciones y violaciones a los derechos humanos, los cuales siguen siendo tan antiguos como el origen mismo de la humanidad. Dentro de esta grave realidad no escapa la pobre Nicaragua del poeta al que he hecho mención en esta columna, suelo patrio que vive las inmundicias de una dictadura que no respeta las libertades individuales ni colectivas de la sociedad y que viola a ojos y vista y paciencia de todos y donde a nadie pareciera importarle.
Basta ver los panfletos del régimen, en los que se describen situaciones como si fuera la Suiza o Suecia en el presente. Todo lo pinta color de rosa, pero a la vez todos sabemos que no es así, que existe una severa crisis nacional e institucional y que a diario se vive con la muerte y la zozobra, que a diario salen hombres, mujeres y niños fuera del país por puntos ciegos, y en bus o avión los afortunados, en busca primero de salvar la vida y luego en busca de trabajar en lo que sea y así poder labrarse un mejor destino y ayudar a sus familias, también dispersas por el mundo o abandonadas a la suerte que el destino traiga bajo las faldas de la dictadura de Ortega y Murillo.
En los anuncios de «color de rosa», se habla sobre todo de las cosas que hace el Gobierno, (lo cual no es nada nuevo ni extremadamente novedoso pues para eso son los gobiernos), y de los préstamos que continúa recibiendo de gran parte de la comunidad internacional. Y es aquí donde quiero detenerme a reflexionar con mis lectores, pues Nicaragua vive entre esa agonía del presente que significa muerte y cárcel, persecución y castigo a los no leales al sistema y cualquier tipo de penalidades y arbitrariedades y, paradójicamente, esa agenda comercial global que campantemente continúa otorgando dinero mediante fondos de la cooperación internacional y sus políticas crediticias o de donativas.
No concibo cómo organismos como el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Unión Europea y hasta el Gobierno de los Estados Unidos, continúen implementando políticas asistencialistas a la dictadura de Daniel Ortega. Hasta cuándo seguirá esta fiesta para Ortega, que ve en estas debilidades de las democracias un motivo de burla para la oposición y para el pueblo de Nicaragua que, asombrado con tanta frialdad internacional, ve con tristeza el desenvolvimiento de estas transacciones internacionales que solo favorecen a la dictadura.
Yo condeno estas políticas y sé que tras de mí lo hacen muchos nicaragüenses, pero el asunto es cómo hacemos para que esa condena tenga resultados más contundentes…habría que generar campañas mediáticas, protestas frente a las instituciones bancarias oficiales, hacer plantones, elevar pancartas con nuestros brazos, acudir con más energía diplomática y política y social, a las más altas instancias mundiales económicas y políticas. Ir a tomarse la Plaza de San Pedro, y, en medio del catolicismo y respeto que se le profese al papa Bergoglio, hacerle ver que algo anda mal en las políticas económicas hacia la actual dictadura.
Yo condeno a estas instancias, sabiendo lo doloroso que es para el pueblo que sufre estas consecuencias, como ya las sufrimos todos los nicaragüenses en la década de los 80. Ortega y su familia y allegados tendrán siempre sus reservas de comida, sus bebidas caras importadas y sus lujos, viajes y compras de mercancías que adquieren en el «imperio» y en otros países donde existen economías de mercado libre, mientras que el pobre pueblo, la gente que va a los mercados, que anda colgada en buses, que solo medio prueban un pedazo de carne una vez a la semana, sufren las consecuencias.
El Mundo sigue mal, como dijo el poeta, en nosotros está el tratar de enmendarlo y llevarlo por la senda de la libertad y la democracia.
La autora es empresaria, emprendedora y articulista nicaragüense de origen y ciudadana americana. Comisionada, en enero de 2022 publicará su primer libro de poesía: Mujer y Flora.