Navidad sin presos políticos

La semana pasada viajé a Washington y sostuve reuniones con congresistas, senadores y demás altas autoridades, abogando por la libertad de los reos políticos de mi país, Nicaragua, y de Cuba.  Me acompañó Luis Pérez Antúnez, ex reo político de Cuba con diecisiete años en la prisión solo por oponerse a la dictadura de Fidel Castro y su aberrante compinche el Che Guevara. Con Pérez Antúnez denunciamos y pedimos para la liberación de los reos de los países referidos. Estoy luchando con todas mis fuerzas para que esta Navidad se logre la liberación de ellos.

Pero más allá de esa agenda por la libertad de los presos políticos de ambas naciones, es incomprensible y hasta denigrante desde el punto de la geopolítica, que  haya tantos presos en naciones cuyos dictadores se llenan la boca hablando de democracia y libertad, pero que en la realidad jamás en sus vidas las han practicado, y eso ofende la soberanía y dignidad de ciudadanos nobles que no comparten esos valores y  ejecutorias.  Por eso, es necesario decirlo a los cuatro vientos: pareciera que el mundo occidental no se inmuta ante lo que ocurre en países dominados por gobiernos comunistas como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y otros Estados como Perú, ya contaminado por ese nefasto virus del populismo barato de las izquierdas.  

Traigo a colación, en el caso de Nicaragua, la represión en dos sistemas: el somocista y el sandinista. Por un lado, Somoza o los Somoza, si bien es cierto cometieron delitos y violaciones de los derechos humanos, respetaron la vida de la mayoría de los comandantes de la llamada revolución sandinista, y sus actos no tienen comparación con las arbitrariedades cometidas por el actual sistema comunista jefeado por Daniel Ortega y sus secuaces, en la confabulación con el Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla y los demás miembros del eje mafioso de la izquierda arbitraria.

Cuba es un Estado represivo desde 1959, ahí las construcciones únicamente han sido cárceles, mientras en el resto de Occidente crecen los rascacielos, los edificios de apartamentos y de oficinas, las carreteras y la modernidad.  Me asombra cómo por más de 62 años sigue campante la tal revolución cubana, a costa de mantener a un pueblo sin comida, sin libertad y sin oportunidades de salir adelante.  No habría papel para publicar los miles de testimonios de tantos presos cubanos que han logrado escapar de las cárceles castristas, como tampoco para saber ciencia cierta de los ultrajes y violaciones de Derechos Humanos de tantas vidas humanas muertas en el presidio de la isla.

El mismo Antúnez me ha comentado los horrores que sufrió  en la prisión, sin haber cometido jamás delito alguno más que el aspirar a vivir en libertad y democracia, en ver crecer a sus hijos en la Isla que nació y en la cual soñaba con vivir hasta sus últimos días, pero todos esos deseos se frustran y no le ha quedado más camino que tomar la vía del exilio.  Así, insisto, hay miles de casos.

En el caso de Nicaragua la situación es igualmente grave, ya que desde finales de los 70, cuando termina la era Somoza, se pensaba que viviríamos una nueva realidad, siempre con una economía pujante como la que heredó el sistema depuesto, pero con mayores brillos de gobernabilidad, que fue el canto de sirena que prometió la revolución.

Pero todo fue un fiasco y la medicina salió peor que la enfermedad, ya que  prácticamente desde los primeros días a partir del 19 de julio de 1979, comenzaron las cárceles y casas confiscadas ocupadas como cuarteles por un tiempo, a llenarse de todo ser humano que provenía del somocismo, incluyendo a personas que bajo la calumnia fueron acusado de tales, y también sufrieron las cárcel, la represión, el hambre y hasta la muerte.

Recuerdo, siendo una adolescente casi, la creación de los nefastos Tribunales Populares Antisomocistas, que cometieron exacerbados delitos de violaciones de Derechos Humanos.  Posteriormente, bajo los gobiernos democráticos de la señora Violeta Barrios de Chamorro, del doctor  Arnoldo Alemán y del ingeniero Enrique Bolaños, no hubo encarcelamientos por causas políticas.  Inclusive, para ser exacta y clara con lo que digo,  en los primeros gobiernos del dictador Ortega después de que volvió al poder en enero de 2007, casi no hubo presos políticos, sino hasta posterior a la insurrección de abril de 2018, esta vez con toda las baterías del odio y la arbitrariedad, ensañados contra todos aquellos que se opongan al régimen llegando al día de hoy con casi doscientos reos, y en condiciones que algunos de ellos pueden perder la vida, como se sabe de Lester Alemán, por ejemplo.

Seguiré impulsando la demanda por la libertad de todos ellos. Nadie merece estar encarcelado por sus pensamientos políticos, a menos que  cometan graves delitos, pero en este caso solo ha sido por amor a la libertad y la democracia en Cuba y Nicaragua. En esta Navidad no debe haber  presos políticos.

La autora es empresaria, emprendedora, líder comunitaria, articulista. Es ex Comisionada de la ciudad de Sweetwater en Miami y dirige el programa «Empoderate». 

Opinión Cuba Nicaragua presos políticos archivo

COMENTARIOS

  1. Hace 4 años

    Justificar con que «sí se cometieron violaciones de derechos humanos, pero sí se respetaron a los comandantes» a Somoza, habla que no eres una interlocutora válida. Tanto Somoza como Ortega son igual de despreciables, al igual que son despreciables quienes piensan que uno es peor que otro.

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