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Roniel Raudes tiene 23 años cumplidos y siente que ha vuelto a nacer. LAPRENSA/ARCHIVO

La resurrección del prospecto firmado por un cuarto de millón de dólares

Los días eran oscuros y las noches tenebrosas. No existía la trillada luz al final del túnel, todo era opaco, sin color. La vida de Roniel Raudes, el prospecto nicaragüense firmado por 250,000 dólares por los Medias Rojas de Boston, pasó a ser un rodaje en blanco y negro. Se convirtió en un personaje productor de sufrimiento y dolor.

Los días eran oscuros y las noches tenebrosas. No existía la trillada luz al final del túnel, todo era opaco, sin color. La vida de Roniel Raudes, el prospecto nicaragüense firmado por 250,000 dólares por los Medias Rojas de Boston, pasó a ser un rodaje en blanco y negro. Se convirtió en un personaje productor de sufrimiento y dolor. Cuando creía salir del hoyo, le esperaba otro círculo del infierno. En 2018 se lesionó estando cerca de subir a las Grandes Ligas, en 2019 le hicieron la operación Tommy John, quedando fuera de la temporada, en 2020 a su regreso apareció la pandemia de covid-19 y aunque no le tocó padecer de ese virus, lo atacó una bacteria que lo hizo perder 44 libras.

Roniel inició jugando en la Liga Profesional de 2020 con los Gigantes de Rivas, pero aún la bacteria le afectaba y tuvo que abandonar al equipo. Delgado y aún batallando con las repercusiones de la enfermedad, se enrumbó al Spring Training con Boston. No fue nada fácil, sufría de ansiedad y depresión, cuando le daba el sol empezaba a temblar, le daba miedo estar solo y habló con la organización de Boston para solicitar su carta de “released” (renuncia). “Agradezco al equipo que demostró tenerme cariño. Me dijeron que pensara bien las cosas y me ayudaron a tratarme, estuve con un psicólogo y hasta me ofrecieron que me regresara a Nicaragua para recuperarme. Siempre he sido un muchacho responsable, disciplinado y con un talento para lanzar que se lo debo a Dios”, cuenta el joven que en enero cumple 24 años.

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Así que Boston lo colocó en una lista de restricción, mientras Raudes batallaba con la depresión y los ataques constantes de ansiedad.  “Siempre el beisbol ha sido mi pasión y de repente ya no quería jugar, se me habían quitado las ganas de todo”, relata con la valentía de alguien que enfrenta a sus demonios. A Raudes la bacteria Helicobacter pylori lo había afectado tanto que llegó un momento que todo lo que comía lo vomitaba por miedo a volverse a contagiar. “En Nicaragua el apoyo de mi familia fue elemental y la ayuda del psicólogo. Mi tío Víctor Meza ha sido clave en mi recuperación. Hace dos meses inicié con el proceso de entrenamiento completo, han regresado mis ánimos por jugar y la motivación por cumplir ese sueño de niño que es llegar a las Grandes Ligas”, confiesa.

Raudes este año quedaría en libertad con los Medias Rojas de Boston, pero recibió una llamada del equipo: “queremos darte otra oportunidad, nos gustaría tenerte el próximo año en el Spring Training, así que esperamos que vengas preparado”. Esas palabras terminaron de levantar el ánimo de Raudes. Ahora el muchacho espera el “ok” de MLB para lanzar en la Liga Profesional con el Tren del Norte, equipo en donde tiene a su tío y su primo. “Ayudaré en lo más que pueda y estaré listo para el próximo año cumplir mi sueño de llegar a Grandes Ligas”, concluyó, cargado de nostalgia, debilitado por la guerra del pasado, pero con ansias de comerse el mundo.

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