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Las 40 libras en bíceps que levantaba Ana Isabel Obando todavía están en el suelo. Después de que la variante Delta del Covid19 hiciera estragos en su cuerpo, esta mujer de 42 años no es la misma. Recuperarse ha sido duro.
Desde los seis años, Ana Isabel ha sido muy activa y se ha acostumbrado al ejercicio diario. Hizo danza por ocho años, desde los catorce asiste a los gimnasios, practica distintas artes marciales, fisicoculturismo y calistenia.
Dice llevar un estilo de vida saludable y procura alimentarse de proteínas, cero azúcar, cero almidón y calorías de colesterol bueno. “Soy super estricta con eso”, cuenta. Y ahora más que nunca, mientras se recupera de los estragos que le causó el virus y regresa poco a poco a sus agitadas rutinas de entrenamiento que conllevan al menos dos horas y media diarias, por seis días a la semana.
Pero después del Covid19 al que le disputó su propia vida en agosto, Ana Isabel no ha podido alcanzar las 40 libras que estaba acostumbrada a levantar en el gimnasio. Tiene dolores en sus articulaciones. Rodillas, tobillos y dedos.
A mediados de agosto se hizo una prueba PCR y dio positivo a la variante Delta. En la tercera semana de septiembre, cuando empezaba a recuperarse del virus, Ana Isabel decidió retomar los ejercicios en su casa. “Estaba demacrada”, se recuerda. “Había perdido 25 libras en 20 días. Se me caía el pelo. Me dio terror el no reconocerme al espejo”, cuenta.
Para aquellos días había perdido el apetito. No tenía ganas de comer absolutamente nada, pero Ana Isabel tiene por lema “enfermo que come no se muere”, así que se obligó a alimentarse sin apetito.
Además, Ana Isabel tenía una infección en el hígado por todos los medicamentos que había tomado para tratarse los síntomas del Covid19, y también tenía infección renal.
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Mientras hacía los ejercicios en casa se cansaba rápidamente, y tiempo después, en octubre, volvió al gimnasio. Con miedo. Temía contagiarse nuevamente y repetir el infierno que había superado meses atrás. Peor aún, tenía miedo de morir.
Al gimnasio llegó con su mascarilla y alcohol, desinfectando todo lo que tocaba y ahí se dio cuenta que ya no podía levantar las 40 libras de antes.

“No soy el mismo”
Roger Vargas dice que ya no es el mismo. Ya no aguanta las 12 horas sentado en su Toyota Corolla plateado que desde hace tres años ocupa de taxi. El hombre, de 47 años, normalmente recorría Managua de cabo a rabo, pero ahora le duele la pierna izquierda cuando enclocha para meter el cambio. “A veces enclocho con la derecha porque no aguanto”, cuenta.
Desde abril, Roger tuvo que salir a trabajar nuevamente porque tiene deudas y también necesita mantener a sus dos hijos, pero hay días en que quisiera pasar acostado todo el día.
Cuando se baja del carro se siente entumido. Y a veces cuando va manejando, se tiene que estacionar porque le dan fuertes dolores de cabeza que hasta lo dejan mareado.
Además de la cefalea, malestar general y el dolor en las articulaciones, a Roger siente que se le sube la presión. “No sé si fue por el Covid o por estos calores”, dice. Por eso prefiere salir en su taxi por las noches, “porque es más fresco y no me siento tan mal”.
En este momento, Roger no sabe con exactitud si es hipertenso porque no se ha hecho un chequeo médico, pero si sabe que antes de las dos primeras semanas de febrero que pasó hospitalizado en el Alemán Nicaragüense, nunca había tenido problemas de la presión.
“No soy el mismo”, dice, mientras hace pausas para toser. Pero ninguna de estas secuelas le duele tanto a Roger como haber perdido a su esposa a causa del virus.
Ella se contagió primero el 14 de enero y no quiso ir a un hospital. Roger empezó a sentir síntomas a partir del 25 de ese mismo mes. El 28, su esposa moría en el cuarto de su casa y su hermano lo llevó al hospital para que lo internaran. Pudo salvarse, y ahora con las secuelas, el hombre recorre Managua en su taxi con una foto de su esposa y sus hijos en el tablero.
Más de 200 síntomas
El malestar general, la caída del cabello, dolor en las articulaciones, cefalea, fatiga, entre otras, son parte de los más 200 síntomas o malestares que desarrollan los pacientes después de padecer el Covid19, indica el epidemiólogo Leonel Argüello.
Su colega, el doctor Carlos Quant, señala que en el gremio médico todavía se debate sobre qué termino utilizar para englobar estos padecimientos. “Algunos hablan de post covid, covid post agudo, covid crónico, otros hablan de secuelas propiamente, y otros de covid prolongado”, explica.
Pero lo certero, es que muchos pacientes que se contagiaron con el Covid19, desarrollan algún tipo de síntoma después de padecer el virus.
El doctor Argüello señala que estos padecimientos son más comunes en mujeres. La teoría es que el virus del Covid19 se esconde en el intestino y cuando llega otro virus o hay cambios hormonales por la menstruación, este se reactiva y afecta órganos, articulaciones, y otras partes del cuerpo.
No se trata de una cuestión de edad, pues Argüello también ha visto casos como estos en niños. La ciencia tampoco ha podido determinar cuánto pueden durar estos síntomas y si son secuelas permanentes.
Argüello señala que para estas secuelas no hay tratamiento específico, por lo que se tratan los síntoma y malestares.

Los síntomas más comunes
Los especialistas coinciden en que los síntomas más comunes después del Covid19 son la fatiga o cansancio, falta de aire o disnea, dolor de cabeza, tos, perdida del cabello, alergias en la piel, insomnio y otras manifestaciones con menor frecuencia como la dificultad para concentrarse o cuadros depresivos.
El doctor Quant indica que también hay particularidades en donde los pacientes desarrollan taquicardia y la presión arterial puede alterarse. También hay pacientes que desarrollan diarrea y pérdida del apetito.
De igual manera, el doctor Argüello indica que ha conocido casos de personas que han perdido el olfato hasta por seis meses, e incluso pacientes a los cuales se les ha alterado el paladar.
Algunos pacientes también desarrollan estrés postraumático, miedo a morir o contagiarse nuevamente.
Al diabetólogo Luis Alemán le preocupa algo en particular. Ha visto pacientes que desarrollaron diabetes después de padecer el Covid19. Este efecto tampoco discrimina entre jóvenes o adultos mayores, explica el médico.
“Parece que el virus afecta las células beta que son las que producen la insulina en el páncreas” y esto altera todo el metabolismo de la persona, y posterior al virus, el paciente presenta alteraciones en la glucosa, advierte doctor Alemán.
Este efecto puede tener dos motivos, explica el especialista. El primero es por el tratamiento que se usa para el Covid19, que en algunos casos requiere de la aplicación de corticoides, cuyo efecto colateral empuja al paciente a padecer diabetes si este presenta datos de un posible paciente diabético.
“Entre el covid y darte corticoides para salvarte, pues hay que darte corticoides”, indica el doctor Alemán. El segundo motivo puede ser el virus mismo que ataca las células beta del páncreas. Según el especialista, los pacientes desarrollan la diabetes entre seis y nueve meses después de padecer el virus.
El doctor Alemán dice estar muy preocupado y recomienda a los nicaragüenses que hagan ejercicios, tomen líquidos, coman sanamente y caminen al menos 30 minutos diarios, y también a que se den seguimiento médico, sobre todo si han padecido los estragos del Covid19. “El paciente es bastante fresco. Hasta que está a donde no es, empieza a preocuparse”, critica.

Después del Covid19
Roger y Ana Isabel están tratando de retomar sus vidas. Ambos saben que sus cuerpos no son los mismos antes de contagiarse con el virus, pero tratan de regresar a sus rutinas que han sufrido algún cambio.
El taxista ya se vacunó. Cree que es la mejor manera para protegerse contra el virus y no contagiarse nuevamente. Ese temor a un nuevo contagio lo comparte Ana Isabel. Ella confiesa que antes de enfermarse no creía en la necesidad de una vacuna. La experiencia la hizo cambiar de opinión y ahora ya está vacunada. Los especialistas, Quant, Argüello y Alemán, también coinciden en la recomendación de vacunarse.
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Ana Isabel por ahora sigue entrenando y comiendo saludable, como ha acostumbrado siempre, pero ahora se cuida mucho más de lo que hacía antes de contagiarse. El dolor en sus articulaciones espera superarlo pronto y continuar haciendo lo que le apasiona. Y algún día, volver a levantar las 40 libras que orgullosamente hacía antes del virus.
Roger ya no sale a jugar béisbol los domingos. La pérdida de su esposa lo mantiene triste. Sus hijos, de 16 y 12 años, son su razón para levantarse a trabajar cada mañana, dice.
El hombre cuenta que siempre ha sido delgado, pero ahora pesa 10 libras menos. No ha podido recuperar el peso que perdió y tampoco le preocupa tanto. “Lo que me tiene mal es esta ahuevazón y el dolor en la pierna”, comenta.
Ese dolor también es lo que ha sacado del cuadro de béisbol al que iba a jugar con sus hermanos y amigos. Ahora llega, y el que juega es su hijo mayor. Él se queda en una banca y aunque le piden que juegue, porque se jacta de ser buen pitcher, él se niega.
“Una vez me puse a bolearme y cuando agarré la bola me dolía todo el brazo. Después anduve como ligado por tres días”, cuenta. “Ya no soy el mismo. Me dejó echo verga ese virus”, dice.
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