Guía para entender a la Nicaragua de Ortega y Murillo

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Nicaragua

Ahora que se habla mucho de Nicaragua, con frecuencia siento que muchos extranjeros no entienden el país en que vivimos, y a veces hasta describen una Nicaragua que yo no conozco. Esta es una guía básica, escrita con el rigor que me alcanza, destinada a embajadores de la OEA, analistas internacionales y delegados de organismos mundiales, para explicarles en cuatro letras adónde está Nicaragua y cómo están quienes la gobiernan. No es para los nicaragüenses que la conocen mejor que yo y me podrían dar clases sobre ella y ellos.

Elecciones

Este es un país donde ya no hay elecciones. Todavía están en las leyes, pero al que quiere competir lo echan preso. Se puede votar, siempre y cuando sea por el “comandante” y la “compañera”, quienes en su magnanimidad se someten cada cierto tiempo a una ratificación terrenal de su calidad de dioses. No votar por ellos se considera blasfemia, y hay castigo para eso. A ver si me entienden, según las leyes hay elecciones, pero en la práctica se han convertido en un ejercicio donde el faraón y la faraona se someten a un ritual de adoración, so pena de castigo contra quienes tomen esto como un acto donde el pueblo escoge a quien quiere como gobernante. Eso es blasfemia. Creer que las elecciones son elecciones es blasfemia.

Meme

Daniel Ortega es el Fidel Castro de Nicaragua, pero en chiquito. Con más maldad, pero menos talento. Marrullero. Un Fidel Castro pequeño, sin carisma y sin barba. Bueno, me está costando hallar algo de Castro en Ortega. Tal vez la falta de escrúpulos entre ambos. Tal vez la decisión de sacrificar a su pueblo en su afán de egolatría. Tal vez. Sin que uno u otro sean buenas personas, Ortega luce como un meme a la par de Castro. Como aquel del perro disfrazado de vaca Holstein. ¿Lo han visto? Comencemos de nuevo: Daniel Ortega no es el Fidel Castro de Nicaragua…

Fidelcastronización

Lo cierto es que Daniel Ortega siempre quiso ser un Fidel Castro. En distintos momentos quiso ser refugio de revolucionarios, mediador de conflictos en el Medio Oriente, líder latinoamericano de las izquierdas mundiales y en todos fracasó. Como refugio, solo le compraron boletos terroristas, narcotraficantes y corruptos de poca monta huyendo de las cárceles de sus países. Y como mediador y líder de las izquierdas nadie le paró bola. Se veía tan pequeño, que hasta un aparecido como Hugo Chávez lucía gigante a su lado. Ahora ha tomado otra ruta. Ya se puso el buzo deportivo Adidas en su proceso de fidelcastronización. Los grandes líderes viven la decrepitud con Adidas, parece ser el nuevo eslogan del manual revolucionario.

Periodismo

En la Nicaragua de ahora tampoco se permite el periodismo. O por lo menos el periodismo del mundo de la normalidad, de la cordura. Ese no se permite, y si algo queda todavía es porque se hace desde el exilio o desde la clandestinidad, porque ser periodista, de los que usted y yo conocemos, se convirtió en un delito. Así que una definición sencilla a tomar en cuenta para la Nicaragua de Ortega y Murillo sería más o menos esta: “Periodismo es aquella practica comunicacional destinada a convencer a la gente que es real el mundo que imaginan Daniel Ortega y Rosario Murillo por muy loco que parezca”. Todo lo que muestre un mundo distinto es delito.

Turistas

Si llega de turista a Nicaragua no quiera quedar bien con un “Viva Nicaragua libre”. Va preso. No compre ni muestre banderas patrias como hacen los turistas al país que llegan. Eso es terrorismo. Va preso. Y, sobre todo, no se burle del “comandante” y la “compañera” por muy chistosos que le parezcan, menos en redes sociales, porque pueden revisarle su celular para encontrar cuántos delitos ha cometido. También va preso por eso. ¿Se acuerda de Cyrano de Bergerac que desafiaba a duelo de espada a todos aquellos que se reían de su gran nariz? Pues ni más ni menos. Conténgase.

Secuestro

Nicaragua es linda y tiene gente valiente y esforzada, pero a estas alturas ya usted habrá deducido que: uno, no hay tal revolución en marcha; dos; es un país secuestrado; y tres, tal vez lo más importante, reina la locura. La cordura es delito. Va preso por cuerdo. Así que cuando oigo a México y a Argentina diciendo que los problemas de Nicaragua solo les corresponden resolverlos a los nicaragüenses, suena bien. Muy políticamente correcto. Pero en el fondo les están diciendo a los secuestrados, a las personas que están maniatadas y con una pistola en sus cabezas, que los problemas entre secuestrados y secuestradores deben resolverlos entre ellos, que nadie tiene por qué meterse. Ni idea tienen de la Nicaragua que hay ahora.

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