La reciente ola de represión en Nicaragua no tiene fines electorales, es más persistirá después de la simulación electoral que recién se concretó. Esta nueva ola de represión es en realidad la etapa final de un cambio cualitativo en el modelo autoritario.
Desde el estallido social de 2018 hasta esta fecha, el país ha transitado de un modelo en que se mantenían —aunque con fuertes restricciones— pero vigentes, ciertos hitos y procesos propios del Estado de derecho liberal. Entre otros: la pluralidad política, las libertades individuales y la libertad de prensa.
Este modelo le era útil a Ortega para:
- Mantener abierto el flujo de empréstitos otorgados por los organismos financieros multilaterales.
- Establecer acuerdos económicos con los grupos de poder fáctico y
- Mantener relaciones internacionales dentro de márgenes aceptables.
Es decir, la democracia nicaragüense era la más imperfecta posible, pero era una democracia. Sin embargo, hace tres años con el estallido social de abril de 2018 eso cambió; ahora nos enfrentamos a la instauración de una dictadura sin ambages ni sonrojos. Una dictadura en todo el sentido de la palabra. Pero aún en esta última etapa, Ortega tiene tareas incompletas para terminar de imponer su dictadura como sistema.
Ortega ya completó la etapa en que adquirió la totalidad del control político institucional. En esa fase redujo al mínimo la pluralidad política; y las libertades pasaron a ser concesiones graciosas que no se pueden dar por descontadas.
Sacó a flote cosas evidentes que no se reconocían; entre ellas la subordinación de todos los poderes del Estado a sus decisiones. Todo esto lo consiguió a través de una maquiavélica mezcla de fuerza bruta, engaños y por qué no decirlo, de errores de sus adversarios.
Pero si todo esto está consumado ¿qué le falta a Ortega para sistematizar su poder y apostar al muy largo plazo? Le falta el control del poder económico. Ortega no consolidará totalmente su poder mientras más del 80 por ciento del empleo sea generado por la empresa privada. Sea micro, pequeña, mediana o gran empresa, y formal o informal, pero privada.
El hecho es que actualmente Ortega no controla la fuente de generación de empleos. Eso le impide dominar la dependencia que se genera entre quien necesita el empleo y quien lo provee. Dependencia que le garantizaría la posibilidad de un control total al estilo cubano.
Para conseguir este control Ortega no está pensando en establecer acuerdos con los empresarios. Estamos hablando del control de la economía y esto lo puede conseguir por dos mecanismos:
- La nacionalización de las empresas o
- El sometimiento de los empresarios a sus designios; para desplazarlos y posteriormente sustituirlos por nuevos actores económicos dependientes del poder político de la familia Ortega Murillo.
Creo que usará el segundo método. Ya que después del fracaso económico que provocó la nacionalización de las empresas, durante su primer mandato en los años 80, esa no es su mejor opción.
En los meses siguientes veremos el desarrollo de la estrategia para alcanzar esta meta. Aumentarán las presiones al sector empresarial mediante políticas fiscales y regulatorias. Y el alivio de estas será ofrecido, a cambio de la participación de los empresarios adeptos al régimen; ya sea como “socios” o como “competidores amigables” de la porción del mercado que posea la empresa víctima del chantaje institucional.
El sector empresarial debe estar claro de que la meta en el mediano plazo, no es compartir con ellos el pastel, sino desplazarlos. Seguramente comenzará con empresas de baja complejidad. Pero su meta será, tener control real de los sectores más sofisticados y estratégicamente claves para su proyecto político, especialmente del sector financiero.
En la etapa inicial hará diferencias entre los empresarios. Con ello logrará que quienes no estén siendo golpeados, tengan la falsa sensación de seguridad. Esta manipulación les permitirá seguir funcionando. Con esto Ortega garantizará que los empresarios no paralicen sus inversiones; y que la economía siga funcionando más o menos normalmente.
Mientras tanto, seguirá avanzando hasta llegar al punto en que los empresarios que inicialmente estén a salvo, queden a expensas de sus decisiones. Y al no tener un peso suficientemente significativo, su salida del mercado no representará un riesgo para la economía del régimen.
Por eso es que el sector empresarial debe estar claro de que, no es posible un acuerdo con Ortega; no lo era antes y no lo es ahora después de las votaciones. Ya que no existe posibilidad de mantener una correlación de fuerzas que obligue a Ortega a cumplir ningún compromiso.
Tampoco se puede apostar a la muerte natural del caudillo como salida. Pues el cambio cualitativo de modelo que mencioné al inicio del artículo, conlleva la construcción de un sistema que sobrevivirá en ausencia de Ortega. El dictador ya empezó su modelo de sucesión dinástica y solo le falta consolidar el control económico para cerrar el rompecabezas.
Pero aun en este panorama es posible salir de Ortega, con mucho trabajo, disciplina y coherencia. La oposición política debe ajustar sus estrategias, la apuesta por la concertación de los diversos grupos políticos es el primer paso. Pero será mucho más difícil implementar estas nuevas estrategias, si el sector empresarial no entiende que el riesgo es de todos y no solo de los “que se meten en política”.
El autor es abogado analista político, exdiputado liberal.