Los recientes acontecimientos políticos que conciernen a Nicaragua ocurridos dentro y fuera de nuestras fronteras, presagian la materialización de mis peores presentimientos. Tengo rato de venir insistiendo en que, de seguir con la política de diente por diente y ojo por ojo, todos terminaremos ciegos y chintanos (sin dientes).
Por razones familiares visité recientemente la ciudad de Miami Florida y pude ser testigo de varias manifestaciones de compatriotas protestando contra el gobierno a la vez que aplaudían las últimas resoluciones del jefe del ejecutivo norteamericano. Queriendo conocer más sobre sus opiniones, me reuní con varios de sus líderes y pude darme cuenta que para ellos no existen términos medios, pues me aseguraron que no dejarán de manifestarse hasta conseguir la separación de Daniel Ortega del poder.
Al respecto les comento que en la década de los ochenta, por razones del destino llegué a tierras de la Florida exactamente el dieciocho de julio de mil novecientos setenta y nueve, a las tres de la tarde, después de haber salido de Nicaragua en un avión de carga que había llegado a dejar medicinas para la Cruz Roja creo. El viaje sin visa, sin pasaporte y con destino incierto lo hicimos un poco más de ciento cincuenta militares y sus familias.
Poco tiempo después de ese periplo, un grupo bastante grande nos dimos a la tarea de ponernos en forma nuevamente en los Everglades (pantanos) para enfrentar al gobierno de los ochenta. Así se conformó lo que para muchos fue el inicio de la Contra, me refiero a la Legión 15 de septiembre. En esta ocasión, políticos opositores al gobierno de dentro y fuera de Nicaragua han manifestado que la guerra no es opción y que la solución a nuestros conflictos sociales tiene que ser político.
He hecho este pequeño acápite, para recordarles que diez años de guerra civil, el posterior triunfo de doña Violeta Barrios de Chamorro y los dos gobiernos liberales que le siguieron, no pudieron consolidar la paz después del triunfo del frente sandinista en el 2006 a la fecha. Estoy seguro que ya se deben haber dado cuenta que su política integral debe ser reorientada, por decirlo de alguna forma. En otras palabras, sin importar quien se imponga en esta ocasión, puedo asegurarles que Nicaragua y los nicaragüenses habremos perdido nuevamente.
Recientemente un informe del Latino barómetro, confirmó algo que los nicaragüenses sabemos hace tiempo, me refiero a que la institución más respetada y de mayor credibilidad para los nicaragüenses es nuestra santa Iglesia católica. Por lo que se me ocurre que el Nuncio apostólico con el apoyo del papa Francisco, podrían ser la solución a nuestras luchas intestinas. Luchas que solo atrasos y dolor han producido a nuestro pueblo, la falta de acuerdos en los anteriores diálogos no deberían ser obstáculo para intentarlo nuevamente, esta vez con un código de ética y mejor dirección que permitan alcanzar acuerdos mínimos pero sustantivos.
En esta ocasión voy a hablar en primera persona, sin involucrar a la organización a la que orgullosamente pertenezco, las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense (FVGRN), pues por sus comunicados y posteriores declaraciones su posición ante la encrucijada por la que atravesamos es del conocimiento de todos.
Dicho esto, y sin olvidar lo que le sucedió hace más de dos mil años a quien quiso enseñarnos a vivir en paz y respetarnos los unos a los otros, me voy a meter entre las patas de los caballos y opinar sobre una posible solución, que a mi juicio tendrá que tener mucho de salomónica, si es que en realidad aspiramos a convivir en armonía o lo que es lo mismo, aceptarnos y aceptar que con todas las imperfecciones que se le puedan endilgar.
La democracia es la única vía para el progreso de una nación. Para lograr ese objetivo ambicioso, difícil pero necesario, se me ocurre que el papa Francisco podría jugar un rol importantísimo y me atrevería a asegurar que, si se lo solicitamos a una sola voz, escucharía el clamor de un pueblo que merece reencontrar el camino de una convivencia pacífica que nos permita desarrollarnos y progresar como nación.
El autor es comentarista político.