Hace unos días escuchaba un programa digital que se autodenomina “independiente”, el tema precisamente era el rechazo de la OEA a las elecciones en Nicaragua después del proceso electoral recién pasado. En dicho programa estaban invitado otro periodista y un sociólogo.
En el desarrollo del programa al invitado se le pidió que presentase su opinión. Sin embargo, en el ambiente periodístico fue característico las palabras estigmatizantes. En el programa se señalaron abundantemente en señalar actos de opresión, violencia, y enfocado unidireccionalmente hacia un mismo enemigo.
Pero, lo que deseo acotar no es el tema debatido en el medio digital, sino la corrección política a la que fue sometido el invitado al programa, por atreverse a proponer una “idea” diferente a los conductores del programa, pues no estaba alineado a la igualdad de la narrativa que ellos deseaban a toda costa que se dejara ante la opinión pública.
El invitado dijo muy equilibradamente que los nicaragüenses somos los primeros responsables de dar soluciones a los problemas actuales y no esperar que de la comunidad internacionales bajara el pan del maná. Lo que el invitado mencionó fueron los mecanismos de solución de controversia, un acercamiento al dialogo.
Sin embargo, los periodistas no ahondaron en la búsqueda de la verdad de esa propuesta, ni siquiera si era pertinente o no, simplemente aplicaron lo que conocemos como la “corrección política igualitaria”. Esta procede de quitarle reputación a alguien y desprestigiarlo, cerrarle los espacios de opinión que no esté alineada a la narrativa de los medios, pretende “silenciarlo” usando etiquetas como fascista, homófobo, machista, opresor, pero en el caso que me ocupa, colaboracionista con el régimen. Es el método de quitarle o limitar su influencia en los espacios. La corrección política es una técnica de “represión mediática” que reciben los que disienten, por tanto es parte de la “cultura de la cancelación”. La corrección política es el nuevo dogma periodístico, quienes se auto-perciben como paladines de la verdad política.
La cultura de la cancelación es un fenómeno mundial, atroz, que pone en riesgo las libertades fundamentales de toda persona, tales como la libertad de expresión, de opinión de conciencia, de objeción, de profesar la fe o de religión que quiera, entre otras. Es auspiciada por elites mundiales, en aquellos laboratorios de reingeniería social, corporaciones transnacionales, o fundaciones que controlan la cultura de las masas, y financiadas por organismos internacionales que imponen agendas específicas y por supuesto una narrativa igualitarista hegemónica.
Al terminar el programa, y de que el invitado hiciera su propuesta, en los chat del medio digital empezaron los oyentes a interactuar en vivo, atacándolo con expresiones ofensivas, vulgares y discriminatorias, lo que indudablemente fue el resultado en primera instancia de la corrección política periodística.
La cultura de la cancelación, se ha vuelto la nueva megaideología, en la que se mezclas varias temáticas para cancelar a alguien no alineado, alimentado por corrientes de la ideología de género, el feminismo radical, el ecologismo catastrófico, el racismo inverso del revisionismo histórico entre otras muchas corrientes de pensamiento.
La corrección política se reviste de un conjunto de ideas inclusive contradictorias, pero que pretenden ser abanderados de una supuesta tolerancia, igualdad y libertades, siendo totalmente contradictorio en su práctica. El papa Francisco ha sido enfático en llamarle “el colonialismo ideológico”. ¿Esta es la Nicaragua que queremos?
La autora es abogada de familia