Vivir el Reino de Dios

Es importante saber que la causa a la que Jesús dedica su tiempo, sus fuerzas y su vida entera es lo que él llama el “Reino de Dios”. Es, sin duda, el núcleo central de su predicación. La respuesta de Jesús a Pilato, “mi Reino no es de este mundo” (Jn.18,36).

El mundo, para San Juan no es esta tierra geográfica nuestra, sino todo un “símbolo”.
El mundo es el símbolo de toda esa serie de pseudovalores en los que se basa esta sociedad nuestra: El dios-poder, el dios-dinero que han traído consigo: la mentira y la opresión, la injusticia y la explotación, el afán de tener. La corrupción y la violencia, es decir, la cultura de la muerte.

Está claro que Jesús no tiene ninguna ambición política. Tras la multiplicación de los panes, la gente, entusiasmada por el milagro, quería hacerlo rey, para derrocar el poder romano y establecer así un nuevo reino político, que sería considerado como el reino de Dios tan esperado. Pero Jesús sabe que el reino de Dios es de otro tipo, no se basa en las armas y la violencia.

El Reino de Dios no es dominio al estilo de los poderosos de este mundo. Para Jesús el Reino de Dios se hace realidad cuando los hombres vivimos como hijos de Dios y hermanos los unos de los otros.

Vivir así conlleva un cambio de mentalidad y de actitud ante la vida; lo que se llama “conversión”, como el mismo Jesús nos dijo: “Se ha cumplido el plazo; ya llega el Reinado de Dios; convertíos y creed en el Evangelio” (Mc.1,15).

Vivir así conlleva  la fraternidad, la igualdad entre todos, el estar atentos a las necesidades de nuestros seres queridos y necesitados.

Crear estructuras por las que se haga posible compartir mejor y hacer una vida más humana y digna para todos.

Luchar en favor de la vida, darle tiempo al Señor en la oración, en hacer vida las obras de misericordia: Visitar y cuidar a los enfermos. Dar de comer al hambriento. Dar de beber al sediento. Dar hospedaje al peregrino. Vestir al desnudo. Redimir al cautivo, tener presente y ayudar a los privados de libertad. Enterrar a los muertos.

El Proyecto de Dios: es una alternativa a esta sociedad nuestra que no nos deja vivir ni convivir en paz.

Para entrar en el Reino hay que aprender a pensar y a actuar según Dios. Hay que convertirse a un nuevo modo de ser ante Dios y ante la novedad anunciada por Jesús.” Este fue el Proyecto por el que Jesús siempre luchó y por el que dijo a sus discípulos que siempre lucharan.

El autor es sacerdote católico

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