Decidir qué tema tratar en un artículo que estoy escribiendo el jueves 4 de noviembre, y que ustedes están leyendo el lunes 8, a escasas doce horas de haberse celebrado las elecciones más controversiales y a su vez más predecibles de nuestra historia, les confieso que fue bastante difícil.
Sigue en mi mente la pregunta; ¿que hicimos o qué no hicimos para estar donde estamos? En un artículo anterior aseguré que cualquiera que fuese el resultado de las elecciones, estas no eran la panacea para lograr la paz y creo que sin importar si votaron o no votaron, tendrán que concluir que la paz y el progreso social que necesitamos para sacar adelante nuestro país, solamente llegará el día que todos empujemos en una misma dirección sin importar el color del partido político al que pertenecemos, la religión que profesamos o si somos empresarios, obreros, productores o campesinos.
La pregunta del millón de dólares es: ¿el ganador realmente qué ganó y los que perdieron, por qué perdieron? Dejemos por el momento al ganador con su “triunfo” y ocupémonos de los otros. Para empezar, permítanme parafrasear las palabras de la madre del rey musulmán Boadbil, cuando este perdió su reino de Granada en España (no lloremos hoy lo que no supimos defender ayer). Sin importar lo que hagamos, la paz y el progreso social nos seguirán eludiendo si seguimos teniendo gobernantes que gobiernan solamente para los suyos y opositores cuyo principal objetivo sea llegar al poder para hacer lo mismo.
No hace falta ser poseedor de una gran imaginación para intuir que habrá nicaragüenses de dentro y fuera de nuestras fronteras, que incrementarán las presiones sobre los organismos internacionales para que nos saquen las castañas del fuego y así poder encender su propio fuego, en otras palabras, seguir en el círculo vicioso que nos convirtió en el país más paupérrimo del continente americano después de haber sido el granero de Centroamérica. Ahora se los voy a decir en nicaragüense: hasta que dejemos de construir líderes con pies de barro, hasta que dejemos de permitir que a un grupo de vividores y sin principios se les califique como opositores y no adoptemos metas comunes que nos unan, los “malos” seguirán ganando.
Ahora sí, ocupémonos del partido a quienes los señores del Consejo Supremo Electoral (CSE) declararon ganador. Cuando se gobierna un país como el nuestro, con tantas limitaciones y tienes más de dos docena de países señalándote, es porque algo estás haciendo mal y sin importar el tiempo que sigas haciéndolo, el final será el mismo que tuvo el que insistió en agarrarse con Sansón a las patadas.
Mientras escribía este artículo, me llegó la noticia que había sido aprobada la Ley Renacer, lo que seguramente será aplaudido por muchos. No hay que ser muy chipotudo (inteligente) para prever que la reunión de cancilleres latinoamericanos convocada por la Organización de Estados Americanos (OEA) a realizarse el próximo 10 de noviembre, tomará decisiones que afectarán de alguna manera nuestro quehacer nacional.
Sin importar lo que los señores norteamericanos, los cancilleres o la Unión Europea decidan hacer, ninguno de ellos resolverá nuestro problema de convivencia pacífica. Eso solo lo podremos hacer nosotros y el primer paso tendrá que darlo el que asuma el mando del poder ejecutivo el próximo diez de enero.
Nosotros desde las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense (FVGRN) decidimos y así lo hicimos saber al pueblo, que si en Nicaragua se gestara un esfuerzo cuyo propósito fuese sentar las bases con reglas y metas claras para juntos construir una Nicaragua para todos, abonaríamos a ese esfuerzo sin revanchismos ni odios enfermizos que hasta hoy solo sufrimientos y atraso social nos han dejado.
Otros países lo han logrado, EE. UU. después de su sangrienta guerra civil, Sudáfrica superando su odioso apartheid, Europa después de la Segunda Guerra Mundial. El reto es grande, pero si nos comprometemos todos, podremos construir las bases de la Nicaragua en la que nuestros hijos merecen vivir. Si no lo intentamos hoy, otros lo lograran mañana y el precio que pagaremos será alto y doloroso.
El autor es comentarista político, miembro de las FVGRN.