Hardiel Iglesias era un estudiante de la carrera de Derecho cuando en Nicaragua se celebraron las elecciones presidenciales de 2006. Tenía 27 años y alternaba sus estudios superiores con un trabajo de docente en un instituto técnico en Matagalpa.
Iglesias siempre se consideró un simpatizante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), pero no un militante. Nunca participó en actividades partidarias o en las mesas electorales ni ejerció un cargo dentro del partido.
El 5 de noviembre de 2006, su simpatía por el FSLN y la esperanza de un cambio con un gobierno nuevo lo llevaron a votar por Daniel Ortega. “Muchos como yo decidimos darle la oportunidad y el voto de confianza a Ortega. Sí, voté por Ortega en el 2006, creyendo que iban a cambiar las cosas para bien”, cuenta.
Ortega regresó a la Presidencia ese año, con el 38 % de los votos.
Lea además: «Yo voy a votar por Daniel Ortega»
“En el 2006, Ortega no había sacado su verdadero rostro y yo escuchaba la historia de Nicaragua y leía, pero todos cometemos errores y de los errores se aprende y sí, estoy muy arrepentido de un día formar parte (de eso)”, dice.
Ortega volvió a postularse para las elecciones de 2011, a pesar de que la Constitución Política prohibía la reelección presidencial. Un fallo de la Corte Suprema de Justicia le había abierto el camino en 2009. “Yo venía dudando de seguir dándole mi voto a un candidato que definitivamente era ilegal, era ilegítimo”, asegura. Esa vez Iglesias no votó por él.
Hace años, cuenta, se separó del Frente Sandinista. “Es precisamente por la cuestión de que yo miraba la palpable corrupción que había dentro del partido y no solo corrupción, sino muchas cosas que me di cuenta que había dentro del partido y decidí mejor no seguirme manchando”, dice.
Hardiel Iglesias, ahora de 42 años, brinda esta entrevista desde el exilio en Estados Unidos, a donde tuvo que emigrar con su familia después de haber organizado y participado en Jinotega en las protestas de 2018 en contra del régimen de Daniel Ortega.
Puede interesarle: El día que Ortega rebautizó la Casa Presidencial como Casa de los Pueblos
Sufrió acoso y asedio por parte de paramilitares y simpatizantes del FSLN, cuenta, y los casos que llevaba como abogado no avanzaban en el Sistema Judicial, pues dice que no lo dejaban trabajar. “Hubo represalias en mi contra por no afiliarme al sistema, por no asociarme a la corrupción y no ser parte de un sistema judicial corrupto es que considero pues que habían decidido callarme”, sostiene.
El Frente Sandinista ya no es un partido político, asegura, ahora está compuesto “por criminales disfrazados de políticos, entre ellos, el mayor de ellos, Ortega y su esposa” y sostiene que los simpatizantes que aún quedan dentro de las filas de ese partido son “borregos”.
Iglesias dice que se arrepiente por haberle dado su voto a Ortega en aquellas elecciones de 2006 y que si estuviera en Nicaragua nunca “ni aunque volviera a nacer” le volvería a dar su voto a Ortega o a otro candidato del Frente Sandinista.