SOLO PARA SUSCRIPTORES.
El 13 de mayo de este año escribí en este mismo espacio una columna en la que llamaba la atención sobre el drástico giro que había dado Matagalpa. Un mes antes, es decir, el 13 de abril, los Indígenas habían tenido balance de 11-17 y se le puso precio a la cabeza del mánager Franklin López.
Sin embargo, en una vigorosa recuperación los matagalpinos había ganado 14 de sus últimos 16 partidos y el penoso récord de 11-17, era ahora un llamativo 25-19 que les permitió saltar desde el puesto 14 en la tabla de posiciones al sexto, para al final cerrar la etapa en cuarto lugar (41-37).
El Matagalpa fue paciente con Franklin y en lugar de despedirlo, le fortalecieron su cuerpo de entrenadores con Julio Quiñónez, Roberto Espino y Rafael Mendoza, mientras conservaban a Franklin Sánchez al frente de los lanzadores. Y la recuperación fue clara, mientras los fanáticos se ilusionaban.
Samuel Estrada y Wilder Rayo al frente de la rotación hicieron un trabajo notable, mientras Berman Espinoza junto a Guillermo Méndez y Lenín Morán, se encargaban de los relevos. A la ofensiva, Ariel Rayo, Jairo Mairena y Johnny Trewin eran los más visibles de acuerdo a las estadísticas.
En la segunda etapa, con el talento más concentrado, Matagalpa batalló (tuvo 23-21), pero se aferró al séptimo lugar y así garantizó su presencia entre los ocho conjuntos que avanzaron a los playoffs. Los refuerzos le dieron otra cara al conjunto y los valores locales tuvieron más protagonismo.
Matagalpa provocó el más grande impacto en los cuartos de final, al derrotar 3-2 en esa serie al Bóer, que era el claro favorito y además el campeón defensor. Pero los Indígenas lo dejaron en el camino y ya con Renato Morales y Rafael Estrada en su line up, barrieron a los Leones 3-0 y saltaron a la Final.
Y aunque algunos mirábamos como favoritos a los Dantos en la disputa por el título, debe reconocerse que Matagalpa infundía mucho respeto. Además de disponer de una alineación explosiva, un juego alegre y una conexión admirable con sus fanáticos, redondearon un tremendo staff de lanzadores.
A Samuel Estrada, Berman Espinoza y Wilder Rayo ya se les había sumado Gustavo Martínez, pero además, añadieron a Luis Castellón, siempre con Méndez y Morán en roles valiosos desde el bullpen. Ese era un cuerpo de lanzadores mejor que el de los Dantos, pero eso no los garantizó el campeonato.
Y en una de las Series Finales más emocionantes de los últimos años, los Indígenas colocaron a los Dantos contra la pared 3-2, después de haber iniciado con 0-2. Pero les faltó el sentido de remate en el sexto juego en Matagalpa cuando fallas en el corrido de bases les impidieron coronar una remontada.
Aun así, el trabajo de Matagalpa fue espectacular. Nada sustituye a la victoria, como diría el General McArthur, pero cuando se ha ofrecido un esfuerzo extremo, una entrega total como lo hicieron los Indígenas, queda la satisfacción de haberlo intentado con todas las fuerzas aunque el resultado fue adverso.
Matagalpa no tiene razones para bajar la cabeza. Este equipo, además de brindar grandes batallas, perdió a varios de sus jugadores fundamentales y sin embargo, nada los detuvo. Fueron mejores que otros 16 clubes que quedaron en el camino y que habrían deseado estar en su lugar en la lucha por el título.
Todo hace indicar que vienen buenos años para Matagalpa, que disputó seis Finales entre el 2000 y el 2015, ganando cinco de ellas en una llamativa consistencia.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
SOLO PARA SUSCRIPTORES.