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Libertad
El otro día leí el comentario de un simpatizante del régimen donde reclamaba a quienes se quejan de que en Nicaragua no hay libertad. “¿Cómo que no hay libertad?”, se decía. “Yo puedo salir libremente, movilizarme, salir del país y volver a entrar, y hablar libremente de política con mis amigos y vecinos”. Y terminaba su comentario con los reconocidos hashtags #NicaraguaSandinista #Daniel2021. Ahí quedó claro de qué libertad hablaba.
Prueba
Bastaría que esa persona, que probablemente era un troll de la granja eliminada recientemente, opinara lo contrario de lo que dijo, que en vez de salir con banderas rojinegras lo hiciera por su cuenta con una azul y blanco, y que en lugar de gritar ¡Viva Daniel Ortega! gritara ¡Abajo la dictadura! para que descubriera lo rápido que termina la libertad de la que presume.
Cadenas
Que un esclavo diga que le gustan sus cadenas o que un buey decida vivir bajo el yugo, no los hace seres libres. Si eso fuese cierto, pongámosle que puede ocurrir, la gran prueba sería que demuestren que pueden decidir ser eso y no que están obligados a ello. Que el buey pueda corretear libremente por los potreros, y, si es su decisión, que regrese a disfrutar del yugo que lo hace jalar el arado o la pesada carreta. Igual el simpatizante del régimen del que hablo u otros similares, que hagan la prueba. “El que no se mueve no escucha el ruido de sus cadenas”.
Rosa Luxemburgo
La frase anterior es de la comunista polaca Rosa Luxemburgo, de quien dejo esta cita para explicar el punto: “La libertad, solo para los miembros del Gobierno, solo para los miembros del Partido, aunque sea muy abundante, no es libertad del todo. La libertad es siempre la libertad de los disidentes”. La prueba de libertad es pensar diferente no seguir al coro. Si usted es sandinista y se cree libre, haga la prueba y en la próxima asamblea en la que participe pida la palabra y diga que ya es suficiente de Daniel Ortega, que ya acumulará 20 años en el Gobierno y no ha permitido que ningún otro sandinista sea candidato. Y ahí nos cuenta luego cómo le fue.
Carceleros
No hay libertad en repetir consignas, en votar sin poder elegir, en vivir en miedo que un día le oigan sus pensamientos, y en vivir en una gran cárcel llamada Nicaragua donde hombres y mujeres no libres se cuidan unos de otros para que nadie tenga libertad. El mismo policía que golpea, apresa o dispara contra quien piensa diferente vive con miedo a que un día lo golpeen, apresen o disparen, otros hombres o mujeres no libres como él. Ese es el secreto de la dictadura: poner a unos y otros a quitarse la libertad entre ellos, de tal forma que nadie sea libre. Que todos vivan con miedo.
Cachorro
Miren nomás el ejemplo de Marvin Vargas, conocido como el Cachorro. Él era como muchos de quienes hoy defienden a muerte al gobierno de Ortega. Veterano del Servicio Militar, organizó a otros exsoldados para ponerlos al servicio del régimen. Podía decir que era un hombre libre, como lo hace la persona con quien inicié esta columna. Su libertad terminó, literalmente, cuando reclamó los beneficios prometidos. Le inventaron delitos no cometidos y desde hace más de 10 años lo mantienen en celdas de castigo. Él se declara el más antiguo preso político de Nicaragua. Todo indica que morirá en la cárcel.
Elecciones
Cuando se piden elecciones libres, por supuesto que se corre el riesgo de que la mayoría de los nicaragüenses quieran vivir así, en dictadura. Es tan probable como que el buey regrese por su voluntad al yugo o que el esclavo prefiera las cadenas. Pero, aunque muy remota, es una posibilidad. El asunto es que permitan a los nicaragüenses decidir cómo quieren vivir, y eso solo sucede en elecciones donde participan todos, bajo reglas claras, con árbitros independientes y con observadores que certifiquen la transparencia del proceso. Esa son elecciones, y no lo que habrá este domingo donde solo se puede elegir entre vivir en dictadura y vivir en dictadura.
Libres
No son los sandinistas los hombres y mujeres libres de Nicaragua. De hecho, son los menos libres. Los hombres y mujeres libres están presos o en el exilio. Para mí, un ejemplo de hombre libre es Sergio Beteta, el joven que a sabiendas que lo golpearían y apresarían, se planta en media calle, frente a la UCA con una bandera patria. Libres son quienes no aceptan consignas y asumen las consecuencias que ser libres les trae. Cualquier preso político, de los 159 que actualmente tiene el régimen, es más libre que los simpatizantes uniformados del régimen que solo pueden repetir consignas, seguir un guion y vivir con miedo. Son más libres, aunque suene contradictorio, los presos que sus carceleros.
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