¿Son las elecciones la panacea para la paz?

Mi artículo del pasado lunes 11 de octubre, lo titulé “Todos queremos la paz”. Las llamadas de amigos personales y de amigos de las diferentes páginas sociales que poseo, fueron el doble de lo usual. La mayoría de ellas finalizaban preguntándome si yo creía que las elecciones iban a resolvernos la falta de paz que actualmente padecemos. Por considerar que lo que opine este humilde opinólogo no creo que sea de mucho interés, me di a la tarea de hacer unas averiguaciones sobre el tema.

 Habiendo hecho esa aclaración paso a comentarles lo que encontré. La palabra panacea deriva del griego panákia, compuesta por pan, que significa “todo”, y akos, que significa “remedio”. Por lo tanto, etimológicamente, panacea es un “remedio para todo”. Como ejemplo se puede usar la frase: “Si existiese una panacea universal, seríamos todos inmortales”. También se puede usar en contextos específicos para indicar la búsqueda de maneras de resolver dificultades, problemas o crisis de cualquier tipo. Así que a la pregunta de si son las elecciones la panacea para la paz, mi repuesta es un rotundo no.

Ahora paso a explicar por qué considero que los resultados de las elecciones no son la panacea para reencontrar la paz: si nos atenemos a las encuestas de opinión de la consultora M&R, no existe la más mínima duda que las próximas elecciones las ganará el partido de gobierno, algo en lo que estoy totalmente de acuerdo. Permítanme no ser más específico pues no quiero meterme en problemas innecesarios. Ahora, déjenme recordarles que el actual jefe del Ejecutivo a la fecha ya lleva quince años en el puesto y todavía nos encontramos abocados en la búsqueda de la paz. Otra vez permítanme no ser más específico por las mismas razones que les mencioné anteriormente. Por ello, con la misma rotundez (aplomo) conque afirmé que las elecciones no eran la panacea para encontrar la paz, con esa misma convicción les digo, que la responsabilidad de que logremos alcanzar esa paz que todos anhelamos será del que declaren ganador los señores del CSE el 7 de noviembre. Cómo lo va a hacer, no tengo la menor idea, aunque los señores del Gobierno tienen rato de venir hablando de un diálogo nacional.

Analicemos entonces ese posible diálogo nacional. Comienzo recordándoles que, para nuestros amigos de la diáspora, hacer mención de la palabra diálogo es como mentarles el diablo o la madre. Recientemente uno de los más histriónicos diputados gobiernistas manifestó que el diálogo nacional viene y que en dicho diálogo desde ya estaban proscritos todos aquellos que han andado solicitando sanciones para Nicaragua. Fue enfático cuando se refirió al Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y a la pequeña empresa. Por lo que desde ya puedo asegurar que tanto el Cosep como las Conimipyme, podrían estar en dicho diálogo.

La pregunta del millón de dólares es a qué tipo de diálogo se estará refiriendo el diputado Gutiérrez. Si será con los partidos políticos que los acompañan en estas elecciones, los que según M&R, entre todos no alcanzan el diez por ciento del electorado, entonces será un monólogo. Si es un diálogo populista en donde la consigna sea Comandante ordene, pueden estar seguros que la paz seguirá rehuyéndonos.

 Recientemente, en un editorial de LA PRENSA se hizo mención en relacion a las elecciones, que los únicos que habían expresado públicamente que dejaban a sus miembros en libertad de tomar la decisión que estimaran más conveniente para el futuro de la democracia y el desarrollo de nuestro pueblo, habían sido los excontras aglutinados en las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense (FVGRN). En esta ocasión les ratifico que si el diálogo es para la paz, por la paz y en paz, en donde todos nos aboquemos a encontrar la panacea para convivir en paz, allí estaremos los que ya una vez le devolvimos la paz a nuestro pueblo, con la convicción que su resultado nos cobijará a todos. De lo contrario, como expresé en mi último artículo, que Dios nos coja confesados.

 El autor es comentarista político, miembro de las FVGRN.

Opinión
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