Jordan Orozco junto a Román González hace algunos años. / Cortesía

Jordan Orozco junto a Román González hace algunos años. / Cortesía

La joya del boxeo nacional: le dicen la Cobrita y su estilo recuerda a Lomachenko y Nicolino Locche

Jordan deberá no solo luchar contra rivales en el ring, sino con la cascada de tentaciones que le surgen a un joven de su edad. Le gusta el futbol, pero se dio cuenta rápidamente que su futuro estaba en los puños

La pobreza es un productor sin fin de boxeadores y de tanto en tanto uno sale ungido. La última joya del boxeo nicaragüense que cumplió con las expectativas fue Román “Chocolatito” González.  Había nacido con el sello de estrella y ha brillado desde entonces. Más tarde han surgido otros pugilistas catalogados como grandes promesas que han quedado más en papel que en realidad, como Melvin López y Rommel Caballero. El último en salir se llama Jordan Orozco, tiene 17 años, tira veneno en los puños, posee una cintura con vida propia, camina como un patinador sobre el ring, se mueve con inteligencia y golpea como martillo. La Cobrita, como se le conoce sobre el cuadrilátero, se perfila como la próxima gran estrella pinolera de los encordados.

Jugar a la bolita mágica prediciendo el futuro no siempre sale bien, pero con la Cobrita parece tener al azar arrinconado en la esquina. El muchacho de Managua que entró al boxeo porque su papá no tenía para pagarle clases de karate, tiene un estilo que recuerda al Intocable, a ese peleador argentino difícil de golpear como era Nicolino Locche. El Intocable se defendía sin subir las manos, retaba a los oponentes a acertar un golpe y con su cintura elástica se burlaba de los rivales. Orozco tiene una flexibilidad que impresiona y con su velocidad de entrada y salida a las brasas de su contrincante a base de piernas, trata de emular también a Vasyl Lomachenko. “No me canso de ver sus videos, he aprendido así de él, es mi ídolo y quiero llegar a ser como él algún día”, indicó la Cobrita.

Jordan deberá no solo luchar contra rivales en el ring, sino con la cascada de tentaciones que le surgen a un joven de su edad. Le gusta el futbol, pero se dio cuenta rápidamente que su futuro estaba en los puños. Orozco marcó una etapa en el pugilismo infantil: debutó con 8 años, con 10 ganó su primer torneo nacional y por tres años más (2015, 2016 y 2017) retuvo su imbatibilidad de forma consecutiva. Desde sus inicios entrena en el Gimnasio Nicarao y Norberto López ha sido el adiestrador de ese diamante.

La Cobrita usa mucho su mano izquierda para destrozar al adversario. Le encanta el gancho y rematar con el cruzado, usa el recto de derecha y cuando pierde la cabeza se va al choque, aunque muestra valentía, sus vastos recursos le permitirían ganar sin tocar la lava del rival. Por sus cualidades natas, Orozco bien podría ser un proyecto para convertirse en el primer medallista olímpico de la historia, pero sus planes son otros: quiere participar por primera vez en la Copa Alexis Argüello y después de cumplir 18 años saltar al boxeo profesional y convertirse en el campeón más joven de la historia del terruño.

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Hasta el momento, Orozco tiene 74 triunfos y cuatro reveses, pero más allá de eso lo que impresiona de él son los destellos de su desbordado talento. En sus manos está ser el próximo Locche, Lomachenko o esa joya que quedó solo en el papel.

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