Su hermana estaba de cumpleaños y Camilo Ulloa le dijo a su mamá (María de los Ángeles) que si le compraba las pinturas hacía de payaso en la fiesta. «Pensé que lo había tomado como broma y me las llevó», cuenta Camilo, quien en ese momento tenía 13 años y buscó tutoriales en Youtube de cómo pintarse. «Después lo hacía para todos los cumpleaños de la familia. Ya me gustaba», afirma.
Pirrimplín es su nombre artístico. Así lo conocen en el barrio Américas 3 de Managua y ahora sus compañeros en los equipos de baloncesto Real Estelí en el torneo Carlos Ulloa y los Tigres de Chinandega de la Liga Superior de Baloncesto (LSB). «El baloncesto llega antes de la payasada», asegura Camilo, quien entrenó en una academia desde los 12 años, pero se salió cuando se vistió de payaso por primera vez y regresó para terminar de aprender tras la crisis sociopolítica de 2018 y la llegada del covid-19 porque había poca demanda de eventos.
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Camilo, quien además creó una línea de pinturas para payaso, piensa que nació para hacer reír a la gente. Desde niño le gustaba ir al circo con su papá (Iván) porque le llamaba la atención el aplauso del público en la función. «En mi primer fin de semana me gané 3,500 córdobas. Los agarré y los metí en una gaveta y pasaron ahí como una semana», señala Pirrimplín, quien destacó la formación que le dio Payayín, un payaso de larga trayectoria a nivel nacional.
Pirrimplín de momento no ha hecho funciones. Desde que debutó este año en el torneo Ulloa y ahora en la LSB está más enfocado en el baloncesto. «No me esperaba llegar hasta aquí. Creo que jugar en el Estelí me ayudó porque me di a conocer y daré lo mejor para seguir mejorando», asegura Camilo, quien piensa que dentro de dos años volverá a hacer lo que más le gusta: hacer reír a la gente con payasadas.