Ayer viernes 3 de septiembre se reanudaron en México las negociaciones políticas entre la oposición venezolana y el régimen de Nicolás Maduro, que están supuestas a continuar hasta el próximo lunes.
Hay expectativa de que en esta segunda ronda de las negociaciones políticas, las terceras en los últimos dos años entre el régimen y la oposición, se logre avanzar hacia un acuerdo nacional para comenzar a sacar al pueblo venezolano de la penosa situación económica y social en la que se encuentra.
Al concluir la primera parte de estas negociaciones, el 14 de agosto pasado, las partes firmaron un Memorando de Entendimiento en el cual se dejaron claros dos objetivos primordiales. Uno, que el interés principal del régimen de Maduro es el levantamiento de las sanciones internacionales; y el otro, cual es el gran objetivo de la oposición, acordar la realización de elecciones libres, transparentes y observadas internacionalmente.
Como demostraciones anticipadas de buena fe de las partes, el régimen de Maduro modificó en mayo pasado la composición del Consejo Nacional Electoral de cinco miembros, de los cuales ahora dos son de la oposición. Por su parte, el sector opositor ha decidido participar en las elecciones de gobernadores estatales, alcaldes y concejales que se celebrarán el 21 de noviembre próximo, para lo cual el régimen se ha comprometido a dar las debidas garantías.
No toda la oposición de Venezuela respalda las negociaciones con el régimen. Hay un sector que las repudia y sostiene el criterio de que lo único que se debe negociar con Maduro es su salida inmediata del poder.
Pero la política no se funda en deseos e intenciones, por muy buenas que sean. Se basa sobre todo en realidades. La oposición venezolana ha intentado de diversas maneras poner fin a la dictadura, desde cuando su fundador, el difunto Hugo Chávez, detentaba el poder. En esos esfuerzos ha tenido un gran respaldo popular y apoyo internacional. En los últimos dos años, más de cincuenta países democráticos ignoraron al régimen de Maduro y reconocieron al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela.
Sin embargo, nada eso funcionó y el país cayó en un estancamiento crítico insostenible. En esta situación, Guaidó y la dirigencia opositora que lo respalda se han revestido de realismo político y valerosamente han reconocido el fracaso de la estrategia que habían venido practicando. De manera que ahora buscan una salida por medio del diálogo y la negociación con el régimen.
Esperamos que el nuevo diálogo y negociación política en México de la oposición con el régimen venezolano conduzca a un buen entendimiento. Esto sería si hubiera un compromiso para la realización de elecciones libres, limpias y observadas en Venezuela, y que a cambio la comunidad democrática internacional levante las sanciones al régimen de Maduro.
Y tal vez la solución de la crisis política de Venezuela por medio del diálogo, la negociación y los acuerdos pudiera repercutir positivamente en Nicaragua para buscar una salida parecida a la agobiante crisis nacional.