¿A pocos días de las elecciones cómo estamos?

Esa es la pregunta que con mayor frecuencia me hacen amigos que se encuentran en el exterior, hoy compartiré con ustedes mi repuesta a dicha pregunta. Una buena parte de los amigos que me escriben, a pesar de encontrarse lejos de la patria, se toman su tiempo para informarse y compartir con otros amigos de sus comunidades las noticias que les llegan de nuestra sufrida Nicaragüita como le llamó Carlos Mejía Godoy. Siempre trato que mis respuestas sean pragmáticas. Estamos jodidos, les digo. La pandemia nos está diezmando no solo por la negativa del Gobierno de no querer prohibir las aglomeraciones de todo tipo, sino que también por la falta de aprecio a sus vidas y las vidas de sus familiares de muchos de nuestros compatriotas, al exponerse en aglomeraciones sin protección alguna. Esa es a mi juicio la razón principal del repunte de la pandemia y la causa que, al día de hoy, no existe un solo nicaragüense que no haya perdido un familiar o un amigo a causa del Covid-19.

Una vez que los pongo al día sobre la crisis por la pandemia, paso a responderles como estamos políticamente y mi repuesta es: estamos rejodidos, todos los días emigra un político, politólogo u opinólogo y los que se quedan en casa, optan por aquello de que en boca cerrada no entran moscas. Al momento de escribir este artículo hay cero ambiente electoral, exceptuando al Partido Liberal Constitucionalista que realizó primarias departamentales, nadie conoce los nombres de los candidatos a diputados de los otros partidos. Al decir de muchos, los mejores candidatos presidenciales están presos o picaron espuelas y algunos de los que se fueron, a diario nos mandan recetas sobre lo que tenemos que hacer para sacudirnos el Gobierno.

En relación a este punto, quiero ser honesto y decirles que, según mi apreciación, gran parte de la culpa de que estemos como estamos se la debemos a los políticos y aprendices de políticos por su intransigencia, prepotencia y por creerse iluminados y dueños de la verdad absoluta. En esa lucha sin sentido se fueron eliminando uno a uno.

Comenzaron con Félix Maradiaga, cuando se les acabaron los descalificativos en su contra, inventaron que negro no vota por negro, siguieron con Cristiana Chamorro, a esta la descalificaban por la actuación de su difunto esposo en el gobierno de su madre, a Miguel Mora por ser demócrata de nuevo cuño; Juan Sebastián, ese pobre creo que todavía no sabe lo que quería. Al más erudito, Arturo Cruz, jamás se le perdonó su paso por el Gobierno y mucho menos el haber escogido a los Ciudadanos por la Libertad (CxL) para estrenarse en política. Todos los que acabo de mencionar hoy están unidos en el Chipote, acompañados de una buena parte de políticos de todas las tendencias.

De los que lograron salir, en algún momento se habló de Carlos Fernando, pero no prosperó, a mi juicio el hombre más centrado, aterrizado y ecuánime era y sigue siendo Enrique Sáenz, pero a Enrique le pasó aquello de que nadie es profeta en su tierra. Después de ser presidente del MRS, estos terminaron separándolo, se le achacaba su relación estrecha con Sergio Ramírez cuando este fue vicepresidente de Daniel Ortega, luego porque era miembro de los azul y blanco. En fin, terminó siendo marginado por la izquierda y la derecha. Hoy comparte sus luces mayormente en la Mesa Redonda un programa que tampoco escapa a la crítica.

En fin, de los casi seis millones de nicaragüenses, ninguno calificó y terminamos con unos candidatos que dicen que le ganarán a Daniel Ortega, pero ninguno dice cómo. Si a los que ya les mencioné le agregamos la debacle de los norteamericanos en Afganistán, creo que los que esperábamos que la OEA podría declarar estas elecciones ilegitimas, nos quedaremos con las ganas y en gran parte ese abandono que comienzo a vislumbrar en los tomadores de decisiones de países y organismos demócratas, se debe a nuestra falta de madurez política. No me extrañaría escuchar dentro de poco al presidente Joe Biden referirse a Nicaragua a como lo hizo recientemente de Afganistán, una apreciación que nuestro sufrido pueblo no merece. Sobre eso les escribiré en mi próximo artículo.

El autor es analista político.

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