A mediados de esta semana que termina, el diario La Prensa informó que la firma internacional consultora de opinión pública, Cid Gallup, dio a conocer los resultados de una evaluación sobre los presidentes de los países de América Central. El Diario presentó inclusive una infografía sobre los lugares ocupados por cada uno de los presidentes.
El peor evaluado es el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, lo cual no debe ser una sorpresa considerando lo que ha venido ocurriendo en este país desde abril de 2018, en particular las masivas y brutales violaciones a los derechos humanos.
Según la encuesta de Cid Gallup, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es el mejor evaluado de la región con 85 por ciento de opinión favorable y solo 15 por ciento desfavorable.
A Bukele le siguen Luis Abinader, presidente de República Dominicana, con 70 por ciento favorable y 30 desfavorable; Carlos Alvarado, de Costa Rica, con 64 y 36; Alejandro Gianmatei, de Guatemala, con 59 y 41; Leonel Cortizo de Panamá y Juan Orlando Hernández de Honduras, empatados con 54 y 46 cada uno; y por último, por supuesto, está Daniel Ortega de Nicaragua con solo 39 por ciento de opinión favorable y 61 por ciento negativa.
Esta no es una evaluación a fondo de los presidentes, solo una valoración de imagen por simpatía y rechazo. Pero refleja en general lo que piensa la gente sobre las políticas y las acciones gubernamentales de los mandatarios evaluados.
Un asesor de las Naciones Unidas para los temas de la lucha contra la corrupción, Max Kaiser, dice que los resultados de evaluaciones mediante encuestas sobre aceptación versus rechazo a los gobernantes, son “un dulce premio” para su ego cuando salen bien evaluados, pero un terrible golpe cuando salen mal y muy mal en popularidad.
Señala el experto que para evaluar a fondo a un gobernante hay que establecer un parámetro de cómo recibió el país cuando asumió el poder y cómo ha evolucionado en sus manos.
En este caso hay que valorar cómo ha actuado el presidente en los campos de gobernanza y su actitud ante las instituciones democráticas y los derechos humanos. Así como su desempeño gubernamental en seguridad ciudadana, lucha contra la corrupción, desarrollo económico, salud pública e infraestructura.
En Nicaragua, una evaluación crítica del presidente en base de esos parámetros, sin duda que lo mostraría con más exactitud que hacerlo solo a partir de la percepción de su imagen. Y sin duda que en ese caso el presidente de Nicaragua Daniel Ortega tendría un registro peor que el mostrado por la reciente encuesta de Cid Gallup.
Por la forma en que ejerce el poder y a tenor del precepto bíblico de que por sus hechos los conoceréis, Ortega seguramente saldría en una evaluación crítica a fondo, con más de un ochenta por ciento de opinión negativa y rechazo y menos del 20 por ciento de percepción positiva.
Seguramente él lo sabe y por eso no acepta medirse con sus adversarios en elecciones libres, justas y competitivas.