El martes 3 de agosto, un día después de ser inscrita como candidata a la vicepresidencia de Nicaragua por el partido de la oposición CxL, Berenice Quezada fue impugnada por un grupo de sandinistas en la oficialista Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PPDH).
La impugnación de la candidatura de Berenice Quezada ante un organismo del Estado que nada tiene que ver con la cuestión electoral, es porque según los partidarios del régimen orteguista cometió crímenes de “apología del delito e incitación al odio” en las declaraciones que dio a los periodistas cuando fue inscrita en el Consejo Supremo Electoral. Además, la acusan de violentar artículos de la Ley Electoral que ni siquiera los mencionan.
Ese mismo día, pero en horas de la noche, según denunció CxL Berenice fue notificada por funcionarios judiciales y de la Fiscalía que quedaba en retención domiciliaria bajo custodia policial, con restricción migratoria, sin acceso a teléfono e inhibida de postularse como candidata a cargos públicos de elección popular.
De esta manera la reina de belleza de Nicaragua en 2017 ha sido convertida en otra prisionera política, principalmente presa de conciencia, como se califica en el derecho internacional a las personas que son encarceladas por dar a conocer públicamente su pensamiento y expresar sus ideas.
En realidad, el supuesto delito por el cual se encarcela y despoja a Berenice Quezada de su derecho constitucional y humano universal de elegir y ser elegida, es haber opinado sobre las razones que la motivaron a aceptar la candidatura vicepresidencial del partido opositor CxL para las elecciones del 7 de noviembre.
Las declaraciones de Berenice Quezada se produjeron cuando en respuesta a los cuestionamientos a su candidatura porque participó en el programa de modas Nicaragua Diseña de una hija de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ella aclaró que eso había ocurrido antes de los acontecimientos políticos y sociales de abril de 2018, pero a partir de entonces todo cambió.
“Del 2018 para acá Nicaragua trazó una línea y cada quien decidió con quién quiere estar, cada quien decidió cuál es su punto de vista, cuál es su opinión y yo no estoy de acuerdo con lo que pasó, por eso salí a marchar, por eso levanté la bandera de mi país, porque es la única bandera que me representa y con orgullo siempre la voy a alzar”, dijo la ahora prisionera política y candidata vicepresidencial opositora inhibida, Berenice Quezada.
Pero además, a quienes también la cuestionaron por ser candidata vicepresidencial sin haber condiciones para elecciones libres y justas, Berenice les respondió que “en Nicaragua las condiciones nunca han estado, (pero) las condiciones las pone el pueblo. ¿Y cómo las pone? Saliendo a votar, como lo hemos hecho en las calles, como lo hicimos en el 2018, como lo hicimos en abril”.
Las opiniones como esas solo pueden ser delito en países de sistemas políticos totalitarios como Rusia, China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela. Pero también en Nicaragua, que a partir de enero de 2007 saltó de la democracia a la dictadura.
Sin embargo, por expresar sus ideas y manifestar su deseo de ayudar a la recuperación de la democracia de manera pacífica, institucional y electoral, y por ejercer su derecho de ser candidata a un cargo de elección popular, Berenice Quezada ha sido convertida en otra heroína cívica de Nicaragua. Ella está ahora en el mismo sitial de honor en el que se encuentran las otras 11 presas políticas y de conciencia: Cristiana Chamorro, Violeta Granera, Dora María Téllez, Suyén Barahona, Ana Margarita Vijil, Tamara Dávila, María Oviedo, María Fernanda Flores, María Esperanza Sánchez, Karla Escobar Maldonado y Julia Christina Hernández.
Ellas están en los corazones y en las oraciones de todos los nicaragüenses de buena voluntad y democráticos.