El DR-Cafta facilita el intercambio de mercancías, pero no es de libre comercio, sino un tratado que regula un mercado de cuotas, que pueden ser aumentadas o reducidas y hasta eliminadas. Pero, ante todo, es un instrumento para combatir el terrorismo, como lo explicó oportunamente el general Colin Powell, en ese entonces, Secretario de Estado de Estados Unidos de América. Además, sus palabras, encajan perfectamente con las políticas migratorias restrictivas del gobierno estadounidense. Mejor “libre comercio”, que los miles de millones de dólares que han gastado en el llamado triángulo del norte, para que los centroamericanos no migren en busca del sueño americano.
Esto no es tomado en cuenta por quienes promueven la salida de Nicaragua del DR Cafta, ignoran que el tratado es cualquier cosa, menos de libre comercio. No se han enterado de que EE. UU. necesita de estos acuerdos de interés geopolítico. Buscan golpear al Gobierno de Nicaragua, dejando en el desempleo a más de 120,000 trabajadores de Zona Franca, a los que habría que sumar el empleo indirecto. Otros sectores afectados serían el sector cárnico, arrocero y otros. Empresarios y trabajadores sufrirían con esta victoria de los adversarios del gobierno.
Para EE. UU. fue obligatorio sustituir el ALCA y salvar su proyecto de dominación continental. Asimismo, hacer uso de los recursos naturales de la región centro y sur americana, como lo son el oro, litio, petróleo, agua; en fin, nuestra riqueza natural y vasta biodiversidad.
De menos importancia para ellos es explotar la fuerza de trabajo, en las llamadas zonas francas. Para Nicaragua significa empleo y algún valor agregado; para las Marcas, disminución de costos y aumento de ganancias.
Las empresas que explotan nuestros recursos humanos y naturales deben pagar impuestos, pero EE. UU. nos obliga a no cobrarles. Si quedamos fuera del Cafta podríamos cobrarlos, pero las empresas puede que migren a otros mercados. Sin embargo, antes del Cafta teníamos zonas francas y, por supuesto, no cobrábamos impuestos, pero, ya sin Cafta, podemos hacerlo igual. Qué más da si podemos promover la inversión extranjera y el empleo. El Cafta desmantela las barreras comerciales, elimina tarifas y abre mercados. Promueve inversiones y lazos comerciales y diplomáticos, ahuyentando los fantasmas del terrorismo y de la guerra.
Es cierto, si la oposición interna y externa nos saca del Cafta, se encarecerían las importaciones y aumentarían los costos de las materias primas. Habría desempleo. Los empresarios y trabajadores serían perjudicados. Los empresarios más afectados serían los del sector primario de la economía, debido a las tarifas proteccionistas y subsidios a la agricultura que otorgan los EE. UU. y sin esperanzas de solidaridad, ya que sus pares de Centroamérica están listos a llevarse las cuotas que pueda perder Nicaragua. Es incomprensible, que sectores tan diversos den a EE. UU. la capacidad de juzgar y sancionar: los sindicalistas, como una exigencia (los chilenos fueron los primeros), y los gobiernos aceptando dócilmente. A pesar de todo, desde las organizaciones laborales, seguiremos trabajando por la inversión y generación de empleo, sin necesidad de llamar a reflexión a quienes se esfuerzan por perjudicarnos. El ADA-CA es otro tema, para analizarlo hay que partir del interés que tienen los europeos sobre América desde el 12 de octubre de 1492.
El autor es sindicalista.