El partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) que a nuestro juicio es la única plataforma política con credibilidad para participar en las elecciones de noviembre, ha denunciado irregularidades del poder electoral orteguista en el manejo del padrón o listas de ciudadanos para las votaciones que se avecinan.
CxL ha denunciado públicamente que al analizar sus expertos el padrón y la cartografía electoral que entregó el Consejo Supremo Electoral (CSE), encontraron que fueron eliminados más de mil centros de votación en comparación con los que hubo para las elecciones municipales de 2017.
También han cambiado los lugares de votación a muchos ciudadanos. Esto no es solo porque los centros de votación en los que sufragaban anteriormente han sido eliminados, como los colegios religiosos. Aún manteniéndose los centros de votación donde emitieron sus votos en elecciones anteriores, los han asignado a otros sitios que ni siquiera reúnen las condiciones adecuadas para votar. Según directivos de CxL, el traslado de votantes de unos centros de votación a otros, en algunos casos con largas distancias de por medio, dificultará a muchos ciudadanos el ejercicio de su derecho al sufragio.
Al parecer el poder electoral de la dictadura está preparando el ratón loco, un procedimiento tramposo que se viene practicando en Nicaragua sistemáticamente, desde las elecciones municipales de 2008 que fueron las primeras que se hicieron después del período democrático de 1990 a 2006; es decir, bajo la nueva administración dictatorial y el sistema electoral fraudulento del sandinismo orteguista.
Cabe mencionar que en las elecciones regionales de Venezuela realizadas en octubre de 2017, la oposición denunció que la dictadura estaba poniendo en práctica el procedimiento fraudulento del ratón loco, que algunos medios de comunicación mencionaron como una “técnica electoral procedente de Nicaragua”. Inclusive, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que era la alianza opositora en aquel momento, exigió “la expulsión inmediata de los asesores nicaragüenses” que supuestamente llegaron a Venezuela para ayudar al régimen a consumar el fraude electoral.
Pero el ratón loco no es de origen nicaragüense, más bien parece ser mexicano. Lo decimos porque en el Diccionario Electoral del Instituto Nacional de Estudios Políticos (INEP) de México se encuentra este concepto que es definido como “una práctica antidemocrática que tiene por objeto evitar que la gente vote en las secciones que tienden a ser de oposición. Consiste en obstaculizar el sufragio de un elector mediante la anotación errónea de las secciones electorales en la lista nominal de electores, con lo que se dificulta la localización de la casilla (en nuestro caso, centro de votación) en donde deba votar, ya que al acudir a la más cercana a su domicilio a sufragar, no podrá hacerlo por no encontrarse su nombre en la lista mencionada. Se le llama ratón loco porque el elector se comporta como tal, camina de casilla en casilla, busca su nombre en varias listas nominales para poder votar, y al no localizarlo, lo más probable es que se desespere y ya no vote”.
Eso es lo que el Consejo Supremo Electoral dominado y desvirtuado por los sandinistas puso en práctica en las anteriores elecciones fraudulentas. Y es lo que seguramente está preparando ahora, para las votaciones del 7 de noviembre. En realidad, todo el sistema electoral es falso. Si los ciudadanos opositores y los independientes irían a votar el 7 de noviembre, no es porque las elecciones serán limpias y justas. Lo harían para no renunciar al derecho al sufragio y, en vez de no hacer nada, usar el voto como instrumento de resistencia a la dictadura y de la lucha cívica por la libertad y la democracia.