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“¿Se puede llegar más allá de unos Juegos Olímpicos?”, le preguntó a Juan Diego Cubillo, anotador nicaragüense de beisbol seleccionado por la Confederación Mundial para Tokio 2020, quien no duda en responder: “siempre he tenido la curiosidad de anotar un juego en Grandes Ligas”. Cubillo tiene 42 años, los golpes de la vida le han dirigido por el camino correcto hasta donde se encuentra en este momento. A punto de abordar un avión con destino a Japón, nunca pensó, ni en sus más lejanos sueños, estar en dicha competición. Ahora, tras ser escogido como uno de los dos anotadores de América para la máxima competencia olímpica, espera hacer un trabajo que roce la excelencia.
A Cubillo siempre le gustaron los deportes. Practicó beisbol. Debutó en 1999 con las Fieras del San Fernando con 17 años y jugó seis temporadas. Ahí ocurrió uno de sus primeros recuerdos inolvidables de la pelota. En su primer encuentro como receptor se enfrentó a los Indios del Bóer y el cerrador fue Vicente Padilla, pocos jóvenes se pueden dar el lujo de decir que recibieron el fuego del brazo del segundo mejor beisbolista nicaragüense en la historia. No obstante, no todo fue color de rosa. Se lesionó la rodilla con 23 años y le puso fin a la travesía, al menos por ese momento.
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Juan Diego es una persona servicial de vocación. Si tiene una estadística la comparte, si puede ayudarle al prójimo lo hace, no es por agradar a alguien, simplemente porque sí, a pesar de que a lo largo de su vida no siempre aparecieron manos extendidas para apoyarlo en situaciones difíciles. La lesión lo despertó. Aprovechó la beca en Ingeniería en Sistemas que había conseguido por ser beisbolista en la UAM, luego pasó a la UNI, siguió vinculado al beisbol desde la parte administrativa y técnica, preparándose sin descanso y hasta que Elvis Jarquín lo convenció de ir a jugar por dos años a España. “Esa liga no era mala. Remigio Leal y muchos otros cubanos que luego hicieron estragos en Nicaragua pasaron por esa liga”, recordó.
La pasión por anotar
Con 11 años Cubillo encendía la radio y escuchaba atentamente cada partido de beisbol. El narrador decía: “tercer out por la ruta 63”. Esos números empezaron a inclinarlo hacia la curiosidad. Se acercó a personas que sabían anotar y aprendió el sistema. Anotó un juego de primera división por vez primera en 2008, el duelo Granada vs. Matagalpa. “Trabajé con Noel Urcuyo padre y me dio muy buenos consejos”. Ahora Cubillo ha despegado como un cohete: es miembro de la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol, ha sido anotador oficial del Mundial Sub-23 en Colombia, el Clasificatorio Olímpico de Europa, el Premier 12 y también se ha desempeñado como supervisor, director y jefe técnico en eventos internacionales.
Cubillo quiso llegar a Grandes Ligas como beisbolista, la pelota decidió llevarlo a unos Juegos Olímpicos como anotador. Se marcha el 16 de julio, ha pasado llenando cada complicado requisito para ingresar a Japón, pero lo mejor de todo es que ha entendido que no existen barreras para los soñadores. Ese gusanito por estar en un partido de Grandes Ligas lo tiene inquieto.
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