El régimen ha determinado por medio de un acuerdo administrativo con fuerza de ley, que los servicios de televisión por cable deben unirse obligatoriamente a las cadenas de medios de comunicación oficialistas que transmiten las comparecencias de Daniel Ortega. La imposición obliga también a las radioemisoras privadas, aunque en la práctica estas por prudencia casi siempre se han encadenado a la señal de la radio oficial para difundir los discursos de Ortega.
El acuerdo administrativo del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), que es el ente del Estado que controla las operaciones y transmisiones de radio y televisión, habla de situaciones de emergencia por seguridad pública, pandemias, catástrofes naturales y otras tragedias y situaciones excepcionales. Pero el verdadero objetivo es obligar a las empresas privadas de televisión por cable y radios independientes, a encadenarse para difundir los mensajes de Ortega. Así se entiende el párrafo del Acuerdo que dice: “y en general (deben encadenarse) cuando las autoridades del Gobierno de la República de Nicaragua transmitan mensajes de interés nacional”.
En democracia los medios electrónicos de comunicación de masas que son de propiedad privada, deberían encadenarse en situaciones extremas de emergencia solo voluntariamente, bajo el principio de la responsabilidad social. Sin embargo, prácticamente en todos los países de América Latina y el Caribe existen esas cadenas por ley, solo que los gobernantes democráticos no abusan con eso.
Realmente, el problema de las cadenas de radio y TV es el abuso de los gobernantes en los países autoritarios y donde la democracia no está suficientemente desarrollada. En este sentido hay que destacar el caso ejemplar del Ecuador, donde el nuevo presidente democrático, Guillermo Lasso, informó el 10 de junio recién pasado, antes de cumplir las primeras dos semanas en el poder, que no usará las cadenas de radio y televisión para difundir sus mensajes políticos.
El periódico del Ecuador El Mercurio reportó que esta noticia “alegra a la mayoría de la población, que ha tenido que soportar (durante la llamada “revolución ciudadana” que proclamó e impuso Rafael Correa) 14 años de cadenas nacionales en las cuales se infoxicó a la población ecuatoriana con propaganda oficial y publicidad gubernamental ocultas bajo un manto de malas intenciones como torcer, desfigurar, esconder o retardar la información oficial”.
Pero aunque los dictadores y otros gobernantes autoritarios pueden imponer por medio de la fuerza y la ley las cadenas nacionales para transmitir sus mensajes partidistas y la propaganda oficialista, no pueden obligar a la gente a que los mire y oiga por la televisión y la radio.
Precisamente, lo que se puede deducir de la decisión del régimen de Nicaragua de obligar a los operadores de la televisión por cable y las radioemisoras independientes, a encadenarse para transmitir las comparecencias de Daniel Ortega, es que estas tienen escasa audiencia. Seguramente, durante las cadenas oficialistas los televidentes sintonizan las estaciones de televisión por cable, intensifican sus conexiones con internet, o simplemente apagan sus aparatos electrónicos y se dedican a otra cosa verdaderamente provechosa y sana. Y lo mismo hacen los radiooyentes.
No conocemos estudios en Nicaragua sobre la audiencia que tienen los mensajes de Ortega transmitidos en cadena de radio y televisión. Pero en Venezuela, donde hay una dictadura como la de Nicaragua, las investigaciones de los especialistas revelan que muy poca gente ve y escucha las presentaciones de Nicolás Maduro. Y menos deben ser los que dan importancia a sus fastidiosas peroratas.