Fanáticos orteguistas asedian y amenazan a opositores al régimen y a defensores de derechos humanos, a veces a la vista de la policía. LA PRENSA/R. Fonseca

Los fanáticos, el otro brazo represor del régimen

El fanatismo orteguista asedia, amenaza y actúa con impunidad y el visto bueno de la Policía. Considera que opositores al régimen y defensores de derechos humanos no tienen derecho a recibir los servicios públicos ni a recrearse en lugares privados

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El asedio, amenazas y hostigamiento por parte de fanáticos orteguistas hacia defensores de derechos humanos y opositores al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo continúa manifestándose en diversos momentos y lugares.

Desde el pasado nueve de abril de este año, la presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez de Escorcia, está siendo nuevamente víctima  de una campaña de hostigamiento en las redes sociales por fanáticos del régimen Ortega Murillo, solo por el hecho de haberse aplicado la vacuna contra el Covid-19.  A pesar de ser un derecho y una obligación del Estado en facilitar el medicamento los simpatizantes de la pareja presidencial la atacan sin argumentos válidos.

Vilma Nuñez de Escorcia, defensora de los Derechos Humanos. LA PRENSA/ARCHIVO

«Por cualquier cosa que yo hago me están asediando, parece que me tienen en la agenda perpetua, a diario me agreden y es una agresión cobarde que yo la valoro que se da dentro del contexto de agresiones generalizadas en el país. Han instrumentalizado a las pobres personas y las ponen a repetir cualquier cosa, ya han habido peores insultos, peores persecuciones, ya ha quedado demostrado lo que ellos son y ellos deben desquitar lo que les pagan, pero nosotros sabemos que cuando se enfrenta al poder se corre riesgos, pero ellos no siempre van a estar allí», dijo Núñez.

El fanatismo político no es nuevo en Nicaragua, a mediados del siglo pasado, se hizo sentir con Nicolasa “La Colacha” Sevilla, quién defendió garrote en mano a la dictadura somocista. Con su séquito de matones era un torbellino que arrasaba a su paso cualquier signo de oposición a los tres Somoza y solo dejó de apalear cuando las fuerzas le faltaron.

El método “nicolasiano” ha sido imitado por otros personajes, en otros gobiernos, como el sandinista en la década de los 80 que adoctrinó y preparó al brazo represor conocido como las «fuerzas de choque» de la Juventud Sandinista (JS). En la actualidad el régimen cuenta con fanáticos ideológicos, comprometidos por el puesto laboral en las diversas instituciones y paramilitares que golpean, roban, asedian y hasta matan con la complicidad de la Policía, según han identificado informes de organismos de derechos humanos.

Asedio orteguista en lugares privados

En diciembre de 2019, cinco fanáticos del orteguismo –tres mujeres y dos hombres- asediaron a María Oviedo, abogada de presos políticos de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), cuando estaba comiendo junto a sus dos pequeños hijos en una restaurante, ubicado en Plaza Eclipse, de Managua.

Según Oviedo, los fanáticos les tomaron fotografías y las subieron en la red social Twitter y les “lanzaban miradas llenas de odio”. Cuando se levantaron de la mesa en que estaban pasaron diciéndole a la abogada: “¿Dónde está la represión?, estás disfrutando los dólares del imperio”.

“Yo los ignoré y seguí comiendo. Mis hijos se pusieron nerviosos, pero yo ya les advertí que esas cosas pueden pasar y que incluso les puede pasar no estando yo presente, ya sea en la escuela o en otro lugar. Yo estoy clara y consciente que lo que estoy haciendo es mi trabajo como defensora de derechos humanos y eso es algo que el cerebro sesgado, adoctrinado de los fanáticos no comprende, que lo que estamos haciendo es un trabajo y si a ellos no les parece, pues eso ya no es problema mío. ¿Acaso en algún momento me han visto a mí criticándolos a ellos porque anden ‘rotondeando’ o idolatrando a los gobernantes?, yo no los critico y no tienen por qué criticar mi trabajo, que es un trabajo noble”, cuestionó Oviedo.

María Oviedo,
María Oviedo, abogada de la CPDH. LA PRENSA/CARLOS LARIOS

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«No hay Estado de Derecho»

En octubre de 2020, el director ejecutivo de la CPDH, Marcos Carmona, visitó a unos amigos en el municipio de Sébaco. Una simpatizante del régimen asedió y amenazó al defensor de derechos humanos.

Al salir de un negocio privado Carmona y su familia fue grabado por la fanática del orteguismo, que le  repetía el discurso y las ofensas de los dictadores. “¡No pudieron, ni podrán!”, “¡mi comandante se queda!”, “te vamos a quemar vivo”, “¿Dónde está la represión que decís que hay aquí?”, le dijeron, entre otras ofensas que cayeron en la vulgaridad. Carmona y sus amigos no cayeron en las provocaciones y procedieron a marcharse del lugar.

“Lo que pasa es que en este país no hay un verdadero estado de derecho, por lo que no hay garantías desde el punto de vista constitucional, es decir los nicaragüenses estamos en un estado de indefensión y digo esto porque cualquier nicaragüense que se siente agredido o amenazado debe acudir a la institución policial y esta debería iniciar los procesos de investigación, pero cuando estamos en un estado de hecho cualquier ciudadano a fin al Gobierno te puede agredir, te puede amenazar, te puede insultar y las instancias correspondientes ni siquiera te toman la denuncia”, señaló Carmona.

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Un mes antes, el 10 de septiembre de 2020, policías en coordinación con paramilitares asediaron a Carmona cuando este llegó a visitar a su familia en Managua. Agredieron y dispararon a su hijo, al día siguiente no quisieron recibirle la denuncia.

Una mafia con impunidad

El sociólogo Cirilo Otero recordó que el comportamiento social de los fanáticos políticos es antiguo y se ha observado en dictaduras ya erradicadas. Explicó que éste obedece a tres razones: la primera es la venta de servicios, en la que el fanático espera obtener un beneficio o prebenda a cambio de accionar en contra de alguien que no está de acuerdo con el sistema; la segunda se debe a la existencia de «mensajeros oportunos» a quiénes el régimen les paga acosar y asediar; y la tercera es relacionada a la ansiedad de tener acceso a la publicidad y a los medios de comunicación, es decir el simpatizante orteguista necesita ser alguien o ser conocido.

«Ese comportamiento del fanático lo puede llevar a cometer homicidios y asesinatos, te acordás por ejemplo el caso del Carrizo (donde en agosto de 2019 un hombre y sus dos hijos fueron asesinados), en Estelí, hay muchos casos en los que gente ha matado para hacerse ver; el crimen más odioso es el de Estelí en donde solo porque un pobre personaje en la calle diga: ´Viva Nicaragua libre´, el agresor lo mató de un balazo y como mal ejemplo de impunidad éste anda libre», recordó Otero.

Para el analista político Eliseo Núñez, los fanáticos políticos tienen una percepción distorsionada de la realidad y un concepto errado de Estado, ya que consideran que Nicaragua le pertenece a Ortega y que nadie puede hacer uso de los servicios públicos sino simpatiza con el gobernante.

«Es decir (ellos creen) que vos tenés que mostrar agradecimiento porque el dueño te está permitiendo hacer uso de esos servicios, entonces al hacer uso de los servicios ellos asumen que estás siendo una persona incongruente, que sos ingrato y que a la vez te estás sirviendo de Daniel Ortega, esa es la concepción de ellos. Por otro lado, en estos regímenes la masa se mueve por dádivas e impunidad… ellos se pueden meter a robar en un negocio y salen libre, esto les genera beneficio económico, es decir esto funciona idéntico que una mafia», calificó Núñez.

¿Opositores sin derechos?

El pasado 15 de agosto de 2019, un fanático orteguista asedió a la activista Karelia de la Vega, conocida como “Lady la Vulgaraza”, mientras se encontraba en el complejo Conchita Palacios, del Ministerio de Salud (Minsa), en Managua. Ella acudió al lugar para ponerse la vacuna contra la fiebre amarilla y desde que estaba haciendo fila, el hombre empezó a grabarla.

En el vídeo, que fue difundido en las redes sociales por otros fanáticos, se escucha al hombre imputarle a la activista que si la inyección que recibió fue gratuita y que si en el pasado pagó por ellas. «En el somocismo toda esta mierda se pagaba», le dijo el hombre que se identificó como médico «gracias a la revolución».

Lady La Vulgaraza
Esta fue una de las fotografías que le hicieron al youtube mientras era atendido en el complejo Conchita Palacios. LA PRENSA/Tomado de Facebook

Karelia aseguró que no denunció el acoso del que fue víctima porque «ya no hay nada de qué asustarse» de los fanáticos orteguistas. «El hecho de que nosotros tengamos ideales diferentes no quiere decir que nos pueden asediar de esta manera, fue algo humillante, pero no me interesa, a como lo dije anteriormente, son personas afines al gobierno que están peleando por un partido político y no están peleando por los derechos que se les están violentando a ellos también», afirmó.

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Una semana antes, a ella misma le negaron la atención médica en el puesto médico de San Judas, a donde acudió para que los médicos la valoraran ya que presentaba fuertes dolores en la espalda. «La doctora que estaba ahí, que me recibió, me dijo de que para mí no podría haber atención», aseguró Hernández. Dijo que «por ser crítico al gobierno, por decirle la verdad y denunciar el régimen se me negó la atención médica y bueno, por falta de dinero no pagamos un hospital privado ni una clínica privada para que me pudiera atender», le habían negado la atención. Sin embargo, un médico independiente la atendió días después.

Asedio por buscar servicio de salud

El pasado 5 de febrero de 2020, el líder universitario Lesther Alemán fue asediado por un simpatizante de la dictadura Ortega Murillo mientras se encontraba en un centro de salud público en Managua haciendo uso del servicio de salud.

El simpatizante orteguista esperó que Alemán saliera del centro de salud, donde fue atendido, y procedió a seguirlo y realizar preguntas como: “Lesther ¿te cobraron algo por esa vacuna? A lo que el joven únicamente respondió: “es mi derecho” y Alemán le reiteró al fanático sandinista que Ortega es un dictador.

«A partir de abril del 2018, yo casi tengo prohibido una vida privada y la vida pública por distintos factores: la represión, mi convicción moral de no hacerlo y la vigilancia permanente. A mí no me inmoviliza el hecho de estar expuesto a los fanáticos, a la represión y a los órganos militares y armados que tiene el partido. Cuando llegué al centro de salud fue para hacer uso de mi derecho como nicaragüense, es una vacuna que es gratuita, mi inclinación política y mi filosofía de vida no tienen por qué mirarse, ni por no estar afiliado al partido del Gobierno o por no ser simpatizante de la figura (dictadora) o por no estar adoctrinado», se quejó Alemán.

Lesther Alemán, miembro de la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN),. LA PRENSA/Wilmer López

Sin embargo, la Constitución política de Nicaragua en su artículo 59 expresa claramente que «los nicaragüenses tienen derecho, por igual, a la salud» Y agrega que «el Estado establecerá las condiciones básicas para su promoción, protección, recuperación y rehabilitación».

Estos son solo algunos de los opositores y defensores de derechos humanos que han sido víctimas del asedio y amenazas de los fanáticos orteguistas, quienes actúan con el consentimiento de la Policía Orteguista y bajo un manto total de impunidad.

También, los precandidatos a la Presidencia: Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, Miguel Mora, Medardo Mairena, entre otros opositores al régimen han tenido que enfrentar los ataques de los fanáticos en diversos lugares y momentos.

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