Durante el desarrollo de la tercera guerra púnica, donde Cartago y Roma se disputaban la hegemonía del control comercial y político del Mediterráneo, se destacó el político y militar romano Catón el Viejo, también considerado el primer escritor en prosa latina de importancia, quien desde su tribuna de cónsul romano y en cada oportunidad de hablar que tenía, no desaprovechaba oportunidad para calar en el pueblo la idea de que Cartago debía caer y que todas las fuerzas del imperio debían estar enfocadas en este objetivo, por ello, sin descanso pasó a la historia con la frase que se le atribuye: “Carthago delenda est”, es decir “Cartago debe caer”, esta insistente campaña rindió sus frutos y la victoria de Roma significó el punto de inflexión que cambió la historia bañando a Europa, en lugar de África de todo el acervo cultural de las antiguas civilizaciones mediterráneas que dio paso a la modernidad y que habría de llegar hasta nuestros días.
Eso es abril hoy en términos históricos, el punto de inflexión que nos puede sacar del atraso y del terror, por eso, nicaragüense con vocación de libertad no vueles en solitario, intégrate a la parvada, vuela sobre las nubes de la intriga y del miedo y con toda convicción democrática gritemos al unísono “la dictadura delenda est”. No te canses de decirlo hasta conseguir tu objetivo, apropiémonos de esta frase y usémosla como colofón en cada discurso, reunión o conversación coloquial. Tomemos el ejemplo de Catón el Viejo y que esta frase permee en nuestros corazones y conciencias como gota que quiebra la piedra y hasta que la dictadura caiga en aplastante derrota.
Dejemos a un lado la perversa costumbre de la división prebendaria, de panegíricas actitudes creadoras de caudillos, de ir a contrapelo de la voluntad del pueblo y enfoquemos con sincero denuedo en una unidad que reclama la sangre de tantos mártires, planteemos como condición sine qua non un apoyo incondicional a las condiciones esenciales para una reforma electoral y a los esfuerzos para sacar un candidato único opositor.
Tengamos presente también la enseñanza de Virgilio: “Pueden, porque creen que pueden”, esa fe no debe faltarnos y con coraje y valentía involucrarnos en los procesos tendientes a limpiar el camino que nos permita alcanzar elecciones limpias, transparentes y observadas. No debemos permitir que la vocinglería de la izquierda gobernante nos aturda con sus palabras inventadas como “acompañamiento electoral”, que significan fraude, engaño y trampa que ya vivimos en el pasado. Debemos exigir reglas claras que permitan la observación electoral nacional e internacional, digamos no al turismo electoral y enviemos un mensaje claro a la comunidad internacional que Nicaragua merece vivir en paz, democracia, desarrollo y no en dictadura.
No es justo que continuemos como plañideras viendo como los sepultureros de la nación se ensañan en reprimirnos y hundir nuestra economía, aplastando nuestras ilusiones y esperanzas de progreso y aislándonos más hasta el punto de querer convertirnos en una tribu. Los nicaragüenses que abrigamos en nuestros corazones el ferviente deseo de tener una Nicaragua en democracia, paz, libertad y justicia, que esa llama interior sea el plexo y la fuerza que guiará nuestras acciones en pro del civilismo y la democracia. Si ya una vez fuimos el granero de Centroamérica y aspiramos volver a ser ejemplo en la región, entonces, “la dictadura delenda est” debe ser nuestro grito de batalla y así honrar la memoria de nuestros niños y jóvenes mártires y de sus madres que no agotan su llanto, ni su dolor.
La autora es abogada y notario público
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