Posiblemente el mismo día en que se publique este artículo, se esté dando a conocer mi candidatura a magistrado del Consejo Supremo Electoral (CSE). Siendo consecuente con mis principios y por respeto a LA PRENSA, a mis lectores y amigos, tomé la decisión de participarles las razones que me indujeron a aceptar la nominación para ser parte de ese poder del Estado, que muy pronto tendrá la responsabilidad de administrar una elección en que posiblemente estaremos decidiendo el futuro de nuestras vidas y las vidas de nuestros hijos. En pocas palabras, el futuro de Nicaragua.
En un reciente artículo que titulé “Comienza a funcionar la presión internacional”, escribí lo siguiente: mi mensaje a los que resulten electos como nuevos magistrados del CSE, es que independientemente de su ideología o partido al que hayan pertenecido o pertenezcan, asuman dicha magistratura sin odios ni revanchismos enfermizos. Que lo hagan con el firme propósito de servirle a la patria, ser ecuánimes y cumplir y hacer cumplir nuestra Constitución, respetar y hacer que se respete el voto del pueblo independientemente del resultado. El o los que no sean capaces de asumir una magistratura con esa convicción, que no se postulen o permitan que lo postulen, pues serían responsables de las consecuencias de su falta de objetividad. Fin de la cita. En ese momento mi amigo, el ingeniero Carlos Canales, presidente nacional del partido Alianza por la República (Apre) no me había solicitado que aceptara la candidatura a magistrado del CSE por su partido. Haciéndome énfasis en que habían dialogado y tomado la decisión que el Apre, haría una sola postulación y que por unanimidad habían decidido ofrecerla a mi persona. Independientemente de las cualidades que el ingeniero Canales cree ver en este servidor de ustedes, decidí hacer públicas las consideraciones que me llevaron a aceptar dicha postulación y qué mejor que en el Diario que por casi quince años, me ha dado la oportunidad de expresar mis opiniones y puntos de vista sobre las situaciones que han inquietado a nuestro pueblo durante todo ese tiempo.
Estoy consciente de las dudas razonables que se ciernen alrededor de dicha elección, pero si hemos pasado tantos años exigiendo un cambio en ese poder del Estado, sería incongruente de nuestra parte desdeñarlo ahora, basados en una descalificación a priori, olvidando las situaciones que lo están haciendo posible. Dicho esto, permítanme explicar las razones por las que acepté: por más de treinta y cinco años, me he dedicado a apoyar desde diferentes posiciones la causa de la democracia de Nicaragua. En mi juventud participando en la lucha que libró nuestro pueblo en la Resistencia Nicaragüense, posteriormente, después del triunfo de doña Violeta Barrios de Chamorro, me incorporé al Partido Social Demócrata, en donde su presidente, licenciado Guillermo Potoy y los diputados de ese partido me hicieron el honor de nombrarme en el equipo de asesores de esa bancada de diputados. Cuando se formó el Partido de la Resistencia Nicaragüense (PRN) participé en cuanta lucha y esfuerzo hiciéramos por las reivindicaciones que nuestros comandos reclamaban, algo que todavía sigo haciendo desde otras trincheras.
Siendo parte de un equipo de exmiembros de la Resistencia, apoyé la primera candidatura del doctor Arnoldo Alemán, después apoyé la candidatura del ingeniero Enrique Bolaños, y desde hace aproximadamente quince años, me he mantenido como un pensador (opinólogo) independiente, dando a conocer mis puntos de vista sobre los conflictos y las dificultades que han afligido a nuestro pueblo, jamás el temor a las consecuencias me han desviado de los principios que me llevaron a exponer mi vida en mi juventud.
A los nicaragüenses que no me conocen y que quieran conocer mi forma de pensar y actuar, los invito a que chequeen en los archivos de LA PRENSA, las opiniones y posiciones que he adoptado en defensa de nuestra democracia durante todo este tiempo. Para finalizar, les prometo que, de ser electo, asumiría el cargo sin revanchismos ni prejuicios de ninguna índole, pero con el firme propósito de cumplir y hacer cumplir el mandato que nuestro pueblo exprese en las urnas el próximo 7 de noviembre.
El autor es comentarista político.