¿Qué es el espíritu de abril?

Tres años han pasado desde la rebelión de abril de 2018, que fue aplastada sangrientamente por la dictadura. Pero las protestas y la resistencia democrática continúan hasta ahora, a pesar de la incesante represión.

Lo que ocurrió el 18 y 19 de abril de 2018 fue una reacción espontánea de grupos estudiantiles ante la brutal represión de fuerzas policiales y turbas armadas de la dictadura. Las protestas se transformaron en una insurrección general respaldada por amplios sectores del pueblo con multitudinarias marchas cívicas y pacíficas.

La explosión social de abril de 2018 ocurrió después de más de once años de represión sistemática del régimen de Daniel Ortega, contra cualquier clase de protesta y las pocas personas que se atrevían a protestar, como los activistas políticos que cada miércoles lo hacían frente a la sede central del Consejo Supremo Electoral.

Lo ocurrido el 18 y 19 de abril de 2018 fue, dicho con palabras del estratega revolucionario ruso Vladímir Ilich Lenin, “la chispa que encendió la pradera”; es decir, la gota que derramó el vaso de la paciencia y el aguante de los nicaragüenses que no estaban de acuerdo con los hechos de la dictadura, pero no se atrevían a protestar.

La insurrección popular de abril de 2018 fue aplastada brutalmente por el poder armado de la dictadura, que en su afán de exterminar a los rebeldes llegó al extremo de cometer crímenes de lesa humanidad. Esto no es un decir, fue algo investigado y documentado en detalles por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), creado por un acuerdo oficial entre la Secretaría General de la OEA, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el régimen de Daniel Ortega, a quien se le presentó el informe correspondiente en junio de 2018.

Ahora bien, la rebelión de abril no pudo sacar del poder a Daniel Ortega pero dejó una estela de protestas y una persistente resistencia cívica democrática, que la intensa y permanente represión policial de la dictadura no ha podido extinguir. Dejó “el espíritu de abril”, como suelen decir muchos en el campo de la oposición.

Pero ¿qué es lo que se puede o se debe entender como “espíritu de abril?”. Del espíritu se dice, entre otras cosas, que es el principio generador, el carácter íntimo, la esencia o sustancia de algo, el vigor natural y la virtud que alienta y fortifica para actuar; el ánimo, valor, aliento, brío y esfuerzo de alguien. En ese sentido es que se habla del “espíritu de la revolución” (inglesa, americana, francesa, rusa o nicaragüense). Al respecto, es interesante saber que el expresidente costarricense José Figueres Ferrer habló del espíritu de la revolución democrática de 1948 en Costa Rica, y lo definió como la “renuncia a todas las pequeñeces de la política; la consagración a todos los ideales más nobles; la mística patriótica…”

De manera que en ese sentido se puede decir que, en Nicaragua, el espíritu de abril es el ánimo, la voluntad y el esfuerzo para seguir luchando sin desmayo contra la dictadura, por la libertad, la democracia y la justicia. De seguir luchando hasta alcanzar la victoria, en honor de los héroes y mártires de abril de 2018 y por todos los nicaragüenses que quieren una república libre para vivir. 

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