En este momento clave e histórico para la supervivencia del pueblo nicaragüense que se debate entre hundirse más en las garras asfixiantes de una tiranía cruel, depredadora e inescrupulosa y la esperanza de transitar hacia una república libre, democrática con justicia y pan para todos. Pero antes de comenzar el camino hacia la tierra prometida y desmantelar para siempre la maldición de la dictadura, el caudillismo el atraso y la pobreza, hay una condición urgente e impostergable: la unidad estratégica y de acción de las diferentes fuerzas políticas opositoras especialmente de la Coalición Nacional y la Alianza Ciudadana.
La unidad de los dos bloques políticos opositores de mayor representatividad nacional e internacional se hace necesaria por tres razones. Primero: La unidad de los principales liderazgos democráticos provocará un resurgimiento de la esperanza en el cambio en esa amplia pero dispersa mayoría azul y blanco que despertó en abril 18 y que anhela una transición hacia la democracia, con justicia para las víctimas de la dictadura y un nuevo gobierno que sea capaz de resolver el desempleo desesperante, la corrupción degenerada y el estado de terror impuesto por una dictadura senil, moribunda y deslegitimada. Segundo: La lucha cívica que conduzca a la salida de la dictadura sandinista requiere un liderazgo nacional que goce de un legítimo y amplio respaldo popular, solamente aquellos líderes con la solvencia moral de haber surgido al calor de la insurrección cívica de abril pueden inspirar y movilizar a una población agobiada y asustada por la represión, únicamente líderes que representen el consenso de diferentes tendencias ideológicas serán capaces de la conducción estratégica y táctica de la resistencia cívica. Tercero: La oposición democrática necesita mostrar que tiene la madurez y la capacidad de gobernar una nación profundamente destruida en su economía, en sus instituciones, con familias y comunidades fracturadas, enfrentadas y divididas por el odio, el rencor y el fanatismo político inculcado por el orteguismo. Debe pues la oposición democrática representar en la práctica una alternativa de gobierno ante los ojos del pueblo nicaragüense y de la comunidad internacional.
Si es tan evidente que es necesario la unidad de los diferentes sectores políticos para lograr desafiar y derrotar a la dictadura, la gente en la calle se pregunta ¿por qué las cúpulas de los dos bloques opositores que tienen en sus manos la capacidad de decidir parecen no desear ni buscar sinceramente la unidad? ¿Por qué se esgrimen pretextos ridículos y excusas banales en vez de actos concretos de unidad? ¿Es tan rudimentaria la dirigencia democrática que no alcanza a visualizar que necesita trabajar en equipo para sobrevivir y vencer al totalitarismo orteguista y que en su división será presa fácil de las hienas feroces de la tiranía? La única razón por la cual no se ha dado la tan ansiada unidad subyace en las luchas de poder entre las diferentes facciones de la oposición, diferentes líderes y grupos que del mismo modo que ansían salir de la dictadura también anhelan ser quienes en la nueva Nicaragua controlarán y ejercerán el gobierno y desde ahí impondrían sus intereses y agendas políticas. La población también sospecha que hay compromisos ocultos entre personeros de la oposición y la nomenclatura del régimen que impide consensuar un programa de gobierno mínimo que incluya como tema toral un proceso de justicia para los responsables de los crímenes de Estado y la brutal corrupción que ha enlutado y saqueado a Nicaragua durante estos años de terror. ¿Será que acaso temen algunos partidos perder su personería o son víctimas de otros tipos de chantaje desde el Consejo Electoral totalmente controlado por la dictadura? Corresponde pues a los consejos políticos de los dos bloques opositores demostrar su amor patrio y dar muestras claras que están a la altura de los decisivos y peligrosos momentos políticos actuales, o por el contrario su mezquindad, torpeza y cobardía les harán merecedores de un lugar en el pantano del desprecio nacional donde al igual que Judas Iscariote reposan los traidores y vendepatria.
Finalmente propongo que todos los miembros y activistas que conforman las estructuras de los bloques opositores presionen y condicionen a los directivos nacionales a lograr la unidad bajo la premisa que los líderes territoriales estarán dispuestos a luchar en un peligroso y adverso proceso electoral si y solo si se logra conformar una alianza política opositora única, la cual será capaz de derrotar al orteguismo. Es tiempo de integrarnos todos en una sola fuerza política nacional, los movimientos fragmentados son ineficaces en un escenario de lucha electoral y por tanto es estratégico nuclear toda la fuerza de oposición en un solo frente cívico. Dios está con el pueblo nicaragüense y la caída de la dictadura es irreversible, pero lo lograremos aquellos que pongamos en primer lugar los sagrados intereses de la patria, y renunciemos a ser mercaderes de la política y demagogos estériles.
El autor es médico. Presidente nacional de la Unidad Patriótica por el Cambio (UPC), y miembro de la Unidad Médica Nicaragüense (UMN).