Comienzo con esta ironía: Los primeros que salimos al frente contra el coronavirus fuimos los médicos y paramédicos; las primeras víctimas contagiadas fueron los trabajadores de la salud; los primeros que se unieron para confrontar al enemigo causante de la pandemia fueron los científicos de la salud. Miles de médicos se han sacrificado por la producción de vacunas y obtener el beneficio de cortar o erradicar la enfermedad. Ha sido un acontecimiento sin precedentes y el personal médico está en el primer lugar.
La paradoja y la cruel historia de los supuestos “héroes de la pandemia por coronavirus” es que los políticos que son y han sido los primeros en beneficiarse de tantos esfuerzos y los primeros en protegerse contra la Covid-19, abren su boca para aseverar que el personal de salud no es prioridad. En su posición han colocado sus intereses políticos y económicos por la integridad de los médicos y los enfermeros que se encuentran en hospitales y centros de salud.
Triste realidad, desdichada condición y oprobiosa situación del gremio de salud, comprometidos con la población que demanda asistencia y asediados por los gobiernos que exigen atención sin brindarles las apropiadas medidas de seguridad ni garantizarles la debida protección con las vacunas que ellos mismos han proporcionado. Cuando les conviene somos los ángeles de la guarda, los héroes de gabacha blanca y los trabajadores abnegados que después de largas y terribles horas con enfermos de coronavirus regresamos a casa con el mayor riesgo de llevar la enfermedad a nuestras casas y contagiar a nuestros familiares y… “asunto sin novedad”. Cuando no es propicio y las cosas se salen de las manos somos los “chivos expiatorios” y se olvidan que aunque mantenemos principios y valores permanentes, no somos invulnerables ni eternos.
He aquí mi exhortación, sin temor, sin miedo y con amor a mis colegas: Pido a todos los habitantes de este planeta, exijo a los políticos, reclamo a los gobiernos y demando a tantos millonarios, empresarios y fabricantes, que se pongan en el pellejo de los médicos y los paramédicos, en las condiciones de todos los trabajadores de la salud que se enfrentan las veinticuatro horas del día a la pandemia a que pongan una migaja de gratitud y de sacrificio.
¡Basta ya de tanta inequidad y de tanto egoísmo!
Por justicia y por mérito propio es y debe ser el personal de salud el primero en la lista para la vacunación anticovid-19. Hacer lo contrario es un acto de pecado capital que manchará la historia de esta pandemia de inicios del siglo XXI y marcará claramente en este nuevo milenio la barbarie que aún cometen unos pocos contra la nobleza de los profesionales de la salud y la mayoría de la humanidad.
Mi conclusión fatal es que los mayores culpables de esta atrocidad en un milenio de esplendor somos todos los trabajadores de la salud del mundo por aceptar ser héroes sin condiciones mínimas para protegernos, por no protestar, por reclamar tímidamente y por permitir que abusen de nuestro juramento de compromiso social.
El autor es médico-pediatra-nefrólogo-nutriólogo Derecho-Administración-gerente docente-investigador-asesor-consultor