Cuando finalizó la temporada de 1997 tenía 43 años y había quedado a dos triunfos de convertirme en el lanzador latino más ganador de todos los tiempos. Mis números de la última campaña eran discretos y aun así recibí la llamada del mánager de Atlanta Bobby Cox. Me ayudaron para conseguir la gesta de las 245 victorias, luego me dijo: “¿Podés quedar libre o ayudarme en el bullpen porque son muchos jóvenes y necesito a alguien de tu experiencia?”, no podía negarme a ayudar a Cox. Entendí rápidamente mi misión, preparar a futuras estrellas del beisbol, conversaba con ellos, los aconsejaba y trataba de hacerlos sentir cómodos. Siempre he creído que debemos servir y abrirles espacio a los demás.
Recuerdo esa anécdota todo el tiempo y, recientemente decidí apartarme como presidente honorario de Conexión-Nica USA para darle lugar a una directiva muy bien establecida y con una estructura sólida. Disfruté la travesía de ayudar en la unificación de los nicaragüenses en el exterior para que fueran visibilizados y se les tomara en cuenta. Sentía que mi misión estaba hecha y tomé el rumbo de dedicarme al ciento por ciento por la unificación de los grupos políticos del país en la Comisión de la Buena Voluntad. Es importante que todas las personas ocupando un puesto de líder sepan que nadie debe ser eterno en esa silla, la inteligencia radica en rodearse de los mejores y ceder las llaves cuando existen personas más calificadas. Primero me nombraron por tres meses, luego otros tres y por último seis meses más. Aunque me dolió dejar la organización, era necesario como cuando un padre deja volar a su hijo, duele pero se siente orgulloso.
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Ahora en la Comisión de Buena Voluntad, la cual ha sido atacada y han tratado de desacreditarla, la exigencia es mayúscula. Muchos la creen innecesaria, otros piensan que se buscan cuotas de poder, pero no es así, solo es un grupo de personas sin intereses más allá de ver una Nicaragua libre, tratando de tender lazos en la oposición para que no se cometa un error histórico que nunca olvidaríamos y estaríamos condenando a una generación a vivir un infierno. Existen muchas organizaciones capacitando y trabajando en los detalles claves para que se consigan los objetivos, siendo el motor el mismo: la democratización del terruño. Debemos entender que repitiendo el mismo ciclo de dedazos y errores en la construcción de las libertades, jamás se conseguirán resultados diferentes, sino más bien conllevan al fracaso, a vivir una segunda parte de la misma película.
Quieren montar un contrapeso de la Comisión de la Buena Voluntad y están en todo su derecho, pero al menos Dennis Martínez si huele algo mal no seguiría ahí, jamás pienso trabajar para algún gobierno o someterme. Mi misión es con el pueblo de Nicaragua porque pretendo que cuando mis nietos me pregunten qué hice por el país saberles responder: “Todo lo que pude servir desde mi butaca como exjugador de Grandes Ligas, figura pública y sobre todo, ciudadano nicaragüense”.