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A la par de tener el encanto de una sutil habilidad para ir al punto que deseaba con sus lanzamientos, Luis Cano tenía también la estabilidad para resolver inconvenientes con una naturalidad admirable.
Transmitía una confianza absoluta desde el montículo y cuando sus disparos ya no se movían a prisa, echó mano de su sabiduría y se hizo aún mejor. Hizo de la mezcla y la alteración de envíos, un arte.
Forjado entre veteranos en el equipo Flor de Caña de inicios de los setenta, el zurdo de apenas 15 años enseñó su dentadura pronto y justo en una época en la que los buenos lanzadores eran comunes.
Cano inició con 5-1 y 1.72 en 1974. Y en los siguientes cuatro años registró efectividades de 1.72, .2.23, 1.83 y 1.81, en ruta hacia una carrera de 94-68 y 2.47, con 1,061 ponches en 1,4451. innings, de acuerdo a datos de la Feniba.
Pero Cano afirmó en diálogo con Omar Acevedo, que él ganó al menos 132 juegos y que algunos de los registros sobre su carrera no están del todo bien. Quizá valdría la pena hacer una revisión.
Aún con eso, las huellas de Cano son indelebles. Ningún fanático de antaño olvida su trabajo ante los Orioles de Baltimore, a quienes lanzó nueve innings de una carrera en un empate 1-1 en Granada en marzo de 1980.
De igual manera, Canó le ganó 9-5 a Estados Unidos en los Juegos Panamericanos de Caracas, Venezuela, en 1983, ante Mark McGwire, B. J. Surhoff y Cory Snyder, entre otros artilleros del poderoso equipo.
Ese triunfo fue clave para la conquista de la medalla de plata en Caracas. Cano mantuvo atornillados a los gringos hasta en la recta final del juego, cuando debió llegar a Adolfo Álvarez en su ayuda para sellar el triunfo.
A nivel local, nadie olvida su legendario duelo contra Diego Raudez en la Final de 1985, cuando permaneció 17 innings sobre la loma. Era un lanzador para partidos grandes, como lo era él desde el box.
Su dominio consistía en la amplitud de sus recursos y la habilidad para utilizarlo en el momento que deseaba. En el arsenal de Cano, además de su recta, curva y cambio, había hasta bola de nudillos.
Pero lo esencial era su inteligencia y su habilidad para alterar velocidades y ángulos en sus envíos. Forjó una gran carrera, que por un acto de justicia, va a terminar en el Salón de la Fama del Deporte Nacional.
Cano, junto a un grupo de destacados atletas pinoleros se alista para saltar al campo de los inmortales la próxima semana, pero lamentablemente, él no podrá estar esa noche, según reveló desde San Pedro Sula.
«Agradezco mucho el detalle, pero ya a mi edad, no puedo exponerme tanto con esto de la pandemia, así que no voy a poder asistir», dijo en la entrevista con Acevedo hace unos días.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
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