Hermandad de Cuba y Nicaragua

Entre las noticias que llegan del exterior, ha destacado en esta semana la de una huelga de hambre que desde el 20 de marzo recién pasado mantienen varios ciudadanos demócratas cubanos en Santiago de Cuba.

Los huelguistas de hambre son encabezados por el exprisionero político José Daniel Ferrer, principal líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu). Esta organización funciona al margen de la ley, porque la tiranía totalitaria de ese país no reconoce la existencia legal de ningún movimiento político y social que la critique o se le oponga aunque sea de manera cívica y pacífica.

Los patriotas cubanos miembros de Unpacu están en huelga de hambre, en protesta porque el régimen comunista no les permite ejecutar un programa humanitario de proporcionar alimentos y medicinas a personas que viven en situación de extrema pobreza, desamparadas completamente por un Estado socialista que se dice solidario y protector de los humildes.

Ferrer y sus compañeros en huelga de hambre aseguran que mantendrán su protesta extrema hasta las últimas consecuencias. Este acto heroico ha motivado la reacción solidaria de diversos gobiernos democráticos, en particular el de Estados Unidos (EE. UU.), con el cual la dictadura de La Habana ha esperado mejorar sus relaciones, que se endurecieron durante la administración del presidente Donald Trump.

Además de la huelga de hambre de Unpacu, en La Habana y otras ciudades de Cuba están ocurriendo diversas protestas pacíficas organizadas y lideradas sobre todo por artistas, cantores e intelectuales. Lo cual es de particular interés en Nicaragua por la hermandad que hay entre estos dos países.

La hermandad, como se sabe, no es solo el vínculo de parentesco entre personas particulares, sino también la relación de afecto y solidaridad entre los miembros de un determinado grupo humano, o entre pueblos y naciones. Y en el caso de Cuba y Nicaragua, la hermandad tiene la particularidad de ser al mismo tiempo de dos clases distintas, inclusive opuestas y antagónicas entre ellas.

Por un lado, existe una hermandad maligna entre los gobernantes de ambos países, que comparten la misma ideología y sistema totalitario de dominación. Y por otra parte está la hermandad virtuosa de los pueblos cubano y nicaragüense, en particular entre la gente que en ambos países repudia la tiranía, exige respeto a los derechos humanos y aspira a la libertad como manera de vida y a la democracia como forma de gobierno.

Para los nicaragüenses que no se someten a la dictadura, es emocionante y alentador que las personas demócratas de Cuba se estén rebelando de nuevo contra la tiranía comunista que las ha oprimido durante más de 60 años. Los pueblos hermanos de Cuba y Nicaragua tienen derecho a la libertad y la democracia, luchan sin descanso por ellas y ojalá que pronto las pudieran alcanzar.

 

Editorial Donald Trump José Daniel Ferrer archivo
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