A este boxeador lo llamaban cometa Halley, aparecía por allá, pero cuando lo hacía, deslumbraba

Luis Pérez, bicampeón mundial, es considerado el cuarto mejor peleador producido en Nicaragua, solo detrás de Argüello, Chocolatito y Rosendo

“Es como el cometa Halley. Cuando lo ves, puede llevarse tu aliento. El problema es que no lo ves lo suficiente”, decía la revista World Boxing en 2005 sobre Luis Pérez y su escasa actividad en el ring, a pesar de su magistral talento.

A Pérez, un bicampeón mundial de boxeo, dueño de una técnica muy precisa y una pegada demoledora, lo afectaron las prolongadas pausas entre un combate y otro, pero cuando se subía al ring, era para cautivar a críticos y fanáticos.

No obstante, el motivo de su escasa actividad, que a la larga le pasó factura, en parte fue mal manejo de su carrera por los promotores, pero también sus indisciplinas, al extremo que ya salía más en las secciones de sucesos que de deportes.

Aún así, Pérez hizo historia, sobre todo en la etapa inicial de su carrera, cuando era solo un chavalo con sueños en el barrio Las Praderas y su hermano Miguel, era el gran orgullo de la familia, formada por una vivandera y un vigilante.

Luis le cargaba el bolso a Miguel, mientras caminaban a pie desde su casa para el gimnasio de la escuela policial Ajax Delgado. Y aunque en su niñez su deporte favorito era el futbol, esos viajes con su hermano le cambiaron su perspectiva de vida.

Pérez comenzó a entrenar sin otro interés que el de mejorar su escuálida figura, pero los técnicos comenzaron a verle material y un día cambió todo, cuando el mismísimo Alexis Argüello dijo a los presentes: ahí está el próximo campeón del mundo.

Luis lo creyó y entrenó cada día con más vigor . Y tras una llamativa carrera aficionada, saltó al boxeo rentado en 1996, llegando a eslabonar una cadena de 15 triunfos, frenada en 2000 por Vernie Torres, con un título intercontinental de la OMB en disputa.

No obstante, el 4 de enero de 2003, Pérez llegó a las grandes ligas del boxeo al imponerse por decisión al venezolano Félix Machado en Washington. Lo curioso fue que Luis fue escogido a última hora y él estaba listo para tomar la oportunidad.

Se coronó monarca mundial de las 115 libras de la FIB y el pueblo en general le dio la bienvenida. Y tras esa corona, descubrimos el gran sacrificio que hacía Pérez para adiestrarse y escapar de las limitaciones que le rodeaban en su entorno.

Y dentro de un contexto en el cual los deportistas nicas de más alto nivel no eran propiamente ejemplares, Pérez emergió como un atleta distinto: humilde y disciplinado, que se expresaba mejor en el ring, que ante los medios.

Ese mismo año (2003) volvió a medirse ante Machado, a quien derrotó por decisión en Atlantic City, en una noche histórica para Nicaragua: Rosendo Álvarez, Ricardo Mayorga y él expusieron sus coronas en la misma cartelera.

Lo que nadie anticipó, era lo difícil que sería ver de nuevo a Luis sobre el ring, tanto así que en 2004 no peleó. Regresó en el Madison Square Garden de Nueva York en 2005, donde le ganó a Luis Bolaño. Y peleó solo una vez en 2006 y otra en 2007.

Y pese a que conquistó una segunda corona, Luis se fue distanciando de los entrenamientos, se dedicó a tomar y se metió en varias dificultades en los bares, al extremo que era más noticias por sus problemas que por sus combates.

Ya cuando su esplendor había pasado, intentó varias veces volver a planos cimeros, pero todo el esfuerzo resultó inútil y perdió cuatro de sus últimas seis peleas, sin embargo, el recuerdo de su esfuerzo y éxito perduran todavía.

En los próximos días, Luis Pérez, el cuarto mejor peleador producido en la historia de nuestro país, ingresará al Salón de la Fama. Se trata de un acto de de justicia, y de paso, el recinto ganará un poco de respetabilidad con él.

Sigue a Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR

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