Cambios como el de Dantos y Bóer, deberían ser comunes

Los Dantos y el Bóer solventaron necesidades en sus rosters con un intercambio de jugadores que ha suscitado críticas sin mayor fundamento

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A diferencia de la enorme cantidad de críticas que se han desbordado luego del cambio entre los Dantos y el Bóer, yo lo veo como algo saludable y que debería ser más bien, una práctica común en el beisbol nacional.

Los Indios enviaron a su veterano receptor Janior Montes, junto a su hijo del mismo nombre, a los Dantos, y a cambio recibieron a los jóvenes Mike Loáisiga y Carlos Bravo, causando una interminable polémica.

Veamos el asunto: ¿Hay algo ilegal en este cambio? No. ¿Es injusto? Tampoco. Así que no hay fundamento para las críticas, cuando incluso los dos equipos y, sobre todo los jugadores, han salido ganando en la movida.

A los Dantos les urgía un catcher defensivo. Montes es la solución. En el Bóer ya casi no jugaba por la presencia de Wiston Dávila y Álvaro Rubí. En los Dantos puede ser titular o se combina con Leonardo Ortiz.

Loáisiga da al Bóer un buen defensor en el cuadro interior y un bate de mayor peligro que cualquiera de sus menores. En los Dantos estaba bloqueado. En el Bóer va a jugar seguido y extiende el peligro del line up.

Montes es un receptor de 37 años, dueño de una defensa estupenda y mucha habilidad para conducir al pitcheo. Su guante opaca el bate, pero .306 de average en su carrera, indica que es bastante completo.

Loáisiga por su lado, es un infielder de 21 años, que batea .343 en la campaña y que se desempeña bien en cualquier parte del infield y hasta en la receptoría. Su llegada le dará más espacio de maniobra a los Indios.

Ahora, con Montes (hijo), los Dantos podrían tener a un receptor para el futuro. Con Bravo, el Bóer tiene a un jardinero que los ayude cuando se vaya Róger Leytón y quizá Marlon Oviedo, quien se irá a estudiar.

Los Dantos tienen gran cantidad de jugadores menores. El Bóer cuenta con más veteranos. El cambio no lo arregla todo, pero les da un poco de balance a los dos clubes y los hace mejores ahora y en el futuro.

Este es un cambio distinto al que se dio en 1995, que extrajo a Freddy Corea del Carazo por Chico Castillo del San Fernando. A simple vista, fue una transacción desigual, pero no sabemos qué más hubo.

Otras transacciones de impacto fueron las de Orlando Ocampo por Apolinar Cruz, entre Bóer y los Cachorros. Y Vicente Padilla por Chico Miranda, entre Matagalpa y Chinandega. No son muchas.

Una ventaja que tienen los Dantos y el Bóer es que ambos son de Managua y eso facilita todo, incluso no afecta la residencia de los jugadores. Y el cambio se da en consonancia con los reglamentos del torneo.

Debería abrirse espacio para hacer más cambios o prestar jugadores a fin de no detener su desarrollo por falta de oportunidades.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR 

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